Alfredo Rodríguez, catedrático de Psicología: "Dormir mal aumenta el riesgo de depresión y la depresión altera el sueño"

Si alguien quiere saberlo (casi) todo sobre cómo dormir y descansar, descubrir desde cuándo lo hacemos mal y qué consecuencias emocionales tiene dormir poco, por muy de moda que esté, tiene que leer 'Dormir para vivir', del catedrático de Psicología de la Complutense, Alfredo Rodríguez.
-Durante muchos siglos, los humanos hemos dormido bien ¿Cuándo se empezó a torcer esta tendencia?
-Un punto de inflexión llega con la Revolución Industrial. Hasta entonces, el sueño estaba bastante sincronizado con el ciclo de luz-oscuridad. Pero la electricidad, los horarios de fábrica, la hiperproductividad y el rendimiento empezaron a robar tiempo a la noche. Y otro punto de inflexión llega en el siglo XXI, con la hiperconectividad, que dificulta la posibilidad de conciliar bien el sueño y que ha colonizado mucho tiempo antes dedicado al descanso.
-¿No descansar bien es "morir lentamente", como afirma en el libro?
-Esa era una idea importante del texto: luchar contra ciertas cuestiones de narrativa. Esta idea tan extendida de que dormir es perder el tiempo es muy tóxica. Trato de modificar esa narrativa: no dejes para mañana lo que puedas dormir hoy. No solo en fin de semana ni cuando estás cerca de quebrarte, sino que cada día tenga un espacio dedicado al sueño, porque hay muchas cuestiones que han ido colonizando la noche.
No dejes para mañana lo que puedas dormir hoy
-Pero la idea de dormir poco para no perder tiempo está muy extendida...
-Hay que cambiar ciertos mitos e ideas, y una muy nociva es la de que dormir es perder el tiempo. Está muy extendida y tiene muchas variantes: en muchos sectores, en mucha gente joven que dice que levantarse a las 5 es fundamental para triunfar; en la empresa; en gente que quiere salir de noche y dice que prefiere más actividad social y menos descanso.
-Afirmas en el libro que dormir poco activa los mismos programas celulares que el estrés crónico...
—Sí, hay cierto paralelismo entre dormir crónicamente mal y el estrés crónico. La falta de sueño activa muchos de los mismos sistemas que el estrés crónico. Por ejemplo, la alteración en la alimentación. Cuando dormimos poco, tendemos a comer peor. Cuando estamos estresados de forma crónica, igual. Aumenta el cortisol, el sistema nervioso simpático permanece más activado y el cuerpo se comporta como si estuviera en alerta. Son procesos muy similares.
La falta de sueño activa muchos de los mismos sistemas que el estrés crónico. Por ejemplo, la alteración en la alimentación
-Y recuerda que el estrés altera la atención, la memoria y la regulación emocional...
-Afecta mucho a la regulación emocional. Se ha visto, y seguramente es uno de los campos que más se puede trabajar en el futuro: la gente ha de entender que el sueño es un sistema de mantenimiento del organismo. Trata de integrar las situaciones o fenómenos emocionales ocurridos durante el día. Dormir poco o mal hace que esto se altere y que tu regulación emocional no sea tan adecuada. En personas con equipos a su cargo, esto puede hacer que sean percibidas como peores líderes, porque no son capaces de gestionar bien sus emociones.
-¿Qué relación hay entre dormir mal y la depresión?
-Esta es otra cuestión relevante. En muchos de los problemas psicológicos, el sueño está alterado de una manera u otra. Es un indicador muy claro de que, a nivel psicológico, el sueño nos ayuda a tener cierto equilibrio. Sueño y depresión mantienen una relación tóxica: uno alimenta al otro y viceversa. No se sabe qué es antes. Dormir mal aumenta el riesgo de desarrollar depresión y la depresión, a su vez, altera el sueño. Se retroalimentan en un círculo vicioso.
En muchos de los problemas psicológicos, el sueño está alterado. Es un indicador muy claro de que el sueño nos ayuda a tener cierto equilibrio
-¿Qué dos o tres pautas recomendaría a personas con malestar emocional, para que el sueño sea reparador y les ayude a no empeorar?
-Lo primero es entender que en los momentos delicados es cuando más importante es el sueño para que el equilibrio no se rompa. Tres ideas: más movimiento, algo de actividad física. Dos, es exponerse a la luz natural a primera hora del día. Y tres, acabar el día de una manera progresiva. Tendemos a pensar que podemos llegar estresados a la cama, darle a un botón y dormir, pero el cuerpo necesita frenar.
-¿Dormir mal tiene un componente social?
-Sí, es un elemento que quería introducir en el libro. Muchas veces se trata desde una perspectiva médica, como la higiene del sueño y las pautas, y se olvida que dormimos en contexto. El sueño es un indicador, y así lo ven algunos autores, de justicia social, porque no todo el mundo tiene las mismas oportunidades de dormir bien: por el trabajo que desempeña, porque vive en un barrio con ruido o con malas condiciones climáticas, con estas olas de calor. La gente con climatización en casa podrá dormir mejor.
El sueño es un indicador, y así lo ven algunos autores, de justicia social, porque no todo el mundo tiene las mismas oportunidades de dormir bien
-En el mundo empresarial se puede optar por el productivismo, pero por interés económico también debería interesar un buen descanso porque según datos del libro, descansar mal supone un coste de un 2-3% del PIB...
-El capitalismo más inteligente no debería preguntarse cuántas horas trabaja una persona, sino en qué condiciones rinde mejor. El sueño no es un enemigo de la productividad; es uno de sus principales aliados. Así se demuestra en empresas donde ya se incluyen planes corporativos del sueño, porque entienden que, aunque sea por filantropía o por cuestiones economicistas, es necesario para la empresa.
El capitalismo más inteligente no debería preguntarse cuántas horas trabaja una persona, sino en qué condiciones rinde mejor
-Descansar es un gesto de desobediencia, afirma usted
-Si vives en un entorno en el que todo está orientado para que no durmamos, donde prima estar siempre disponible, responder al instante y producir continuamente, dormir es uno de los últimos reductos de libertad que nos quedan. Dormir como un pequeño acto de rebeldía o resistencia.
-Posiblemente haya quien investigue cómo dormir menos para rendir más...
-Hay gente que investiga cómo optimizar el sueño, que para mí es una paradoja y una contradicción. Y eso, sin duda, para mí es una locura, en el sentido de que necesitamos dormir determinadas horas para que se produzcan procesos completos y tener un funcionamiento óptimo. Sí, hay un nicho de mercado enorme en el sueño y también en cómo dormir menos para tener el mismo descanso.
-Explica en el libro que el cuerpo no exige puntualidad, sino ritmo. ¿A qué se refiere?
Noticias relacionadas
-La idea es que al cerebro le gusta lo predecible y, de esa manera, puedes facilitar una mayor calidad del sueño. Una idea de mucha gente es que el fin de semana trata de recuperar el sueño de la semana. El sueño no se recupera y, en segundo lugar, eso da lugar a un 'jet lag social'. La regularidad consistiría en que no haya una diferencia excesivamente grande.
Suscríbete para seguir leyendo