Corea del Sur pasó generaciones comiendo sopa de perro en los dÃas más calurosos del año. Este ha sido el último verano legal y ahora debe encontrar un destino para casi medio millón de animales

Durante generaciones, Corea del Sur combatió los dÃas más sofocantes del verano sentándose frente a un plato humeante. La costumbre podÃa parecer contradictoria: cuanto más calor hacÃa, más apropiado se consideraba tomar una sopa caliente de carne de perro.
El plato se conoce como bosintang y estaba especialmente vinculado a los boknal, los tres dÃas que la tradición coreana identifica como los más calurosos del año. Se creÃa que aquella comida ayudaba a recuperar fuerzas y resistencia frente a las altas temperaturas, según explica KBS World.
El verano de 2026 ha sido diferente. Algunos restaurantes recibieron a sus últimos clientes sabiendo que, cuando vuelvan los dÃas de calor del próximo año, la industria que los abastecÃa ya estará prohibida. Reuters recorrió varios de estos establecimientos y encontró salones casi vacÃos, propietarios próximos a jubilarse y consumidores de 70, 80 y 90 años despidiéndose de una tradición que desaparece con su generación.
Corea del Sur dejó de comer perro antes de prohibirlo
© MindTrip.
La ley aprobada en 2024 no inició el cambio cultural. Llegó para ponerle una fecha definitiva. Una encuesta gubernamental citada por la BBC mostró que el porcentaje de surcoreanos que habÃa comido perro durante el año anterior cayó del 27% en 2015 al 8% en 2024. Más del 90% aseguró que no tenÃa intención de consumirlo en el futuro.
Los perros dejaron de verse principalmente como animales de granja y comenzaron a ocupar los apartamentos, los parques y las fotografÃas familiares. Mientras las generaciones mayores mantuvieron el bosintang como una comida revitalizante, para muchos jóvenes se convirtió en una práctica difÃcil de conciliar con el crecimiento de los animales de compañÃa.
Ese cambio puede verse en Moran Market, uno de los antiguos centros del comercio de carne de perro. Numerosos restaurantes reemplazaron el plato por estofado de cabra negra, promocionado también como una comida energética. El mercado no desapareció por una redada: fue quedándose sin clientes.
La prohibición tiene una letra pequeña enorme
© Humane Society International Korea.
El Parlamento surcoreano aprobó la medida con 208 votos a favor y ninguno en contra. La norma prohÃbe criar, sacrificar, distribuir y vender perros destinados al consumo humano. Las sanciones pueden alcanzar los tres años de prisión o multas de hasta 30 millones de wones, como detallaron Associated Press y Humane World for Animals.
Técnicamente, la ley no castiga a una persona únicamente por comerse el plato. Lo que hace es eliminar toda la cadena legal necesaria para que llegue hasta la mesa. El periodo de transición termina en febrero de 2027.
El problema es lo que queda detrás. Al prepararse la transición, el Gobierno contabilizaba 1.537 granjas registradas y cerca de medio millón de perros. El plan oficial contempla compensaciones, adopciones y ayudas para cerrar las explotaciones, pero no todos los animales son fáciles de reubicar.
Durante años se seleccionaron perros grandes porque un mayor peso significaba más carne. Muchos hogares urbanos, en cambio, buscan animales pequeños que puedan vivir en apartamentos. Algunos ejemplares son tosas o cruces sometidos a restricciones especiales, mientras que los refugios no tienen espacio suficiente para recibirlos a todos.
El último verano solo cierra la primera parte de la historia
© Humane Society International Korea.
Corea del Sur consiguió algo poco habitual: una prohibición respaldada por más del 80% de la población y aprobada sin votos parlamentarios en contra. Sin embargo, terminar con la costumbre resulta más sencillo que desmontar la industria que creció alrededor de ella.
El bosintang ya estaba desapareciendo de las mesas. Ahora quedan las granjas, las compensaciones pendientes y cientos de miles de animales que necesitan un destino. El último verano legal no marca únicamente el final de un plato: abre la etapa más difÃcil, la de hacerse cargo de todo lo que esa tradición deja vivo.