El increíble plan para que la Tierra sobreviva tras la muerte del Sol
De las pocas certezas que existen sobre el futuro del universo es que la vida en la Tierra dejará de ser viable dentro de aproximadamente 1,000 millones de años. Mucho antes de convertirse en una gigante roja, el Sol aumentará gradualmente su brillo hasta desencadenar un calentamiento irreversible que evaporará los océanos y volverá inhabitable la superficie del planeta.
Miles de millones de años después, durante su expansión como gigante roja, la estrella probablemente terminará por engullir la Tierra. Si la humanidad aspira a sobrevivir más allá del Sol, el consenso ha sido que deberá abandonar su planeta natal y buscar un nuevo hogar.
Pero quizá eso no sea necesario. Algunos físicos sostienen que, al menos en teoría, la Tierra podría sobrevivir mucho más allá de la muerte natural del Sol. Para lograrlo serían necesarias tecnologías que hoy no existen, y que quizá nunca lleguen a desarrollarse, pero que, según sus cálculos, no violan las leyes conocidas de la física.
Un paper aceptado para su publicación en el Journal of the British Interplanetary Society propone un plan de "mega mantenimiento" para conservar la habitabilidad de la Tierra durante toda la evolución futura del Sol y mucho después de que deje de ser una estrella capaz de sustentar vida. Según los cálculos del autor, un investigador independiente de nombre Gabriel Harry, el planeta podría seguir siendo habitable durante 9.1 cuatrillones de años ("9.1 million billion years", indica el estudio), unas 660,000 veces la edad actual del universo.
Construir un nuevo Sol
El primer enfoque del plan de mantenimiento es también el más ambicioso: reemplazar el Sol. Olvídate de ese círculo luminoso que ves en el cielo ahora mismo. En apenas 1,000 millones de años brillará tanto que desencadenará un calentamiento irreversible. Cualquier propuesta para enfriar el planeta de manera local resultará insuficiente. En cambio, el autor propone controlar cuánta energía recibe la Tierra.
La propuesta central consiste en instalar una especie de parasol gigante en el punto donde el tirón gravitacional de la Tierra y el del Sol prácticamente se equilibran. El conocido como punto de Lagrange L1 albergaría una inmensa "pared" capaz de bloquear el exceso de luminosidad solar y evitar que los océanos hiervan.
Una barrera física deberá bloquear la nueva luminosidad del Sol, que aumentará la temperatura de la Tierra.
MARK GARLICK/Getty images
Pero bloquear el Sol es solo la mitad del problema. La siguiente pregunta es igual de difícil: ¿de dónde saldrá la nueva luz? El estudio propone sustituirla por un sistema de reactores de fusión instalados en Júpiter. La energía producida generaría una iluminación artificial con un espectro casi idéntico al del Sol y sería enviada continuamente hacia la Tierra mediante una red de estaciones espaciales. No habría una esfera artificial flotando en el cielo, sino un complejo mecanismo de espejos que reproduciría los ciclos de día y noche
El artículo plantea incluso una alternativa todavía más ambiciosa: ralentizar el envejecimiento del propio Sol. Para ello propone utilizar una inmensa red de colectores solares capaces de extraer lentamente materia de su superficie. Al perder masa, la evolución de la estrella se volvería más lenta y la Tierra permanecería durante más tiempo dentro de la zona habitable.
Mantener vivo el planeta
El Sol es solo uno de varios problemas que habría que resolver si se pretende extender la vida del planeta. Otro igual de importante es evitar que la Tierra se "apague" desde dentro. El interior del planeta se enfría lentamente desde hace miles de millones de años. Ese calor mantiene activa la tectónica de placas, recicla elementos químicos esenciales y ayuda a regular el clima a escalas geológicas. Según el estudio, ese motor natural dejará de funcionar dentro de aproximadamente 1,450 millones de años. Para entonces, la Tierra seguiría existiendo, pero sería un planeta mucho menos dinámico.
Esquema de las capas internas de la Tierra.
bpawesome/Getty Images
No podemos reproducir las condiciones iniciales del sistema solar que encendieron el núcleo terrestre, pero sí podríamos alimentarlo, al menos en teoría, con antimateria. El documento plantea fabricar pequeñas cantidades, introducirlas periódicamente hasta el límite entre el núcleo y el manto, y dejar que su aniquilación libere la energía suficiente para sustituir el calor que hoy produce el planeta de forma natural. Según los cálculos del autor, bastarían unas 8.2 toneladas de antimateria al año para mantener viva la tectónica terrestre.
Y todavía quedaría otro problema. Durante miles de billones de años, incluso una pérdida casi imperceptible de agua terminaría pasando factura. El estudio propone aprovechar la enorme reserva de hidrógeno y oxígeno de Júpiter para fabricar agua, o extraerla directamente de su atmósfera, y enviarla de forma continua hacia la Tierra con la misma infraestructura espacial utilizada por el Sol artificial. El reporte estima que bastarían unas 1,000 toneladas de agua al año para compensar esa pérdida.
Mover la Tierra
Actualmente existe un debate sobre el destino de la Tierra cuando el Sol inicie su expansión como gigante roja. Podría ser engullida o simplemente desplazarse hacia una órbita más lejana donde permanezca estable. En cualquier caso, si queremos evitar despedirnos del planeta, habrá que darle un empujón. Literalmente.
Ilustración sobre planetas orbitando una gigante roja.
NASA
El estudio plantea modificar su órbita poco a poco durante millones de años. No mediante enormes motores, sino aprovechando la propia gravedad terrestre. Un flujo continuo de materia lanzado desde Júpiter pasaría rozando el planeta sin llegar a impactarlo. Cada uno de esos sobrevuelos transferiría una cantidad minúscula de energía orbital a la Tierra.
Repetido durante 100 millones de años, el efecto acumulado bastaría para alejar lentamente al planeta del Sol hasta una distancia de 1.2 unidades astronómicas, suficiente para escapar de la expansión de la estrella.
Sobrevivir al universo
Incluso después de resolver el problema del Sol, el universo seguirá enviando amenazas contra la Tierra. Asteroides, supernovas cercanas, estallidos de rayos gamma e incluso el paso de otras estrellas cerca del sistema solar podrían poner fin al proyecto mucho antes de que transcurran esos 9.1 cuatrillones de años.
El autor dedica el último apartado del estudio a una especie de "seguro cósmico". Algunas amenazas ya tienen solución sobre el papel. Los asteroides potencialmente peligrosos podrían desviarse mucho antes de un impacto, mientras que fenómenos como supernovas o explosiones de rayos gamma podrían mitigarse con enormes escudos espaciales colocados entre la Tierra y la fuente de la radiación.
La idea más llamativa vuelve a implicar mover cosas enormes. Si otra estrella amenazara con alterar la estabilidad del sistema solar, el estudio propone modificar ligeramente la trayectoria del propio Sol utilizando corrientes de materia lanzadas desde Júpiter. El cambio sería prácticamente imperceptible en una vida humana, pero suficiente para que, millones de años después, el sistema solar esquivara el encuentro.
La edad del Sol y el futuro del universo
El Sol nació cuando el universo ya tenía cerca de 9,200 millones de años. Según las mejores estimaciones, dentro de unos 7,800 millones de años terminará convertido en una enana blanca y comenzará un lentísimo proceso de enfriamiento.
Esa escala temporal todavía resulta pequeña cuando se compara con el futuro del universo. Según el modelo cosmológico actual, las estrellas seguirán formándose durante unos 100 billones de años. Después, la llamada era estelar llegará a su fin y el cosmos continuará enfriándose durante periodos muchísimo más largos.
Si el autor tiene razón, la Tierra no solo sobreviviría a la muerte del Sol. También alcanzaría el momento en que las estrellas dejaran de brillar. Cuando las últimas galaxias dejen de iluminar el cielo y el universo entre en una oscuridad casi permanente, nuestro planeta podría seguir amaneciendo gracias a un Sol construido por la tecnologia futura de una civilización humana.