“Estoy realmente aterrorizado”: un matemático explica cómo la IA está superando a los humanos en su campo

El matemático y escritor Steven Strogatz se emociona hasta las lágrimas cuando habla de los avances impulsados por la inteligencia artificial que se han producido en su campo durante la última semana.
“La ciencia es apasionante”, asegura el profesor de la Universidad de Cornell, “pero conlleva muchas situaciones desagradables para la gente”.
El martes, OpenAI anunció que había utilizado decenas de miles de agentes para resolver un problema matemático de 90 años de antigüedad, al que estaba asociado un premio de un millón de dólares. La solución, que aún debe ser verificada de forma independiente, se basa en una estrategia desarrollada por los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa. El anuncio se vio empañado por las acusaciones de otro matemático, Tristan Buckmaster, quien señala que OpenAI se apresuró a resolver el problema tras enterarse de su trabajo junto al investigador de Anthropic, Levent Alpöge. Buckmaster alega que OpenAI también intentó influir en quién se llevaría el mérito por el trabajo.
Esta ruptura es un síntoma de los rápidos cambios que se están produciendo en el campo debido a los avances en IA y a lo que Strogatz (coautor de Big Math, un libro sobre cómo las matemáticas se están alejando de la comprensión humana) describe como la carrera de los laboratorios corporativos por acaparar titulares antes de sus sonadas salidas a bolsa.
La semana pasada, Anthropic anunció que Claude había demostrado 29,500 pequeños teoremas a la vez que formalizaba una prueba ya existente del famoso Último Teorema de Fermat (un proyecto en el que otros matemáticos llevaban años trabajando). En agosto, OpenAI anunció que había logrado avances en otros diez problemas matemáticos de larga data. La IA está acelerando los avances matemáticos, sostiene Strogatz, pero lo que esto significa para los expertos que han dedicado su vida a este campo es, sin duda, mucho menos claro.
“Creo que el año 2026 será recordado como un annus mirabilis o un annus horribilis para las matemáticas, porque han pasado muchas cosas”, explica Strogatz a WIRED, sentado frente a una pared cubierta de diplomas universitarios enmarcados. “En el futuro, no podrás competir sin IA si quieres lograr avances matemáticos”, añade.
Su colaborador en el libro, Alex Townsend, ya lleva tiempo usando esta tecnología para acelerar su investigación. Recientemente utilizó ChatGPT para ayudar a resolver un problema de álgebra lineal numérica que llevaba décadas sin resolverse. Hacia el final de la entrevista, Townsend entra en el ático de Strogatz. Townsend y su coautor opinan que, sin esta tecnología, el volumen de trabajo necesario y la relación costo-beneficio habrían sido prohibitivamente elevados. Pero, aunque la IA le ha ayudado en su trabajo, también está cambiando la forma en que Townsend ve el campo y su papel en él.
“De hecho, me siento un poco molesto por haber dedicado 15 años de mi vida a investigar en matemáticas y, en un momento de mi carrera en el que soy muy productivo y estoy en mi mejor momento como matemático, esa destreza máxima ya no está ahí. Hay algo capaz de superarme”, confiesa. “Antes era muy emocionante porque eras de talla mundial, realizabas una investigación excelente, ampliabas las fronteras del conocimiento, y ahora no siento que sea yo quien esté en la vanguardia del conocimiento. Soy yo quien cuenta con un agente de IA, lo cual, en realidad, se siente muy diferente. Y me siento totalmente amenazado por ello”.
Por su parte, Strogatz compara el momento actual de las matemáticas con una película de terror, ya que la IA, impulsada por sistemas que aún no se comprenden bien, se acerca cada vez más. “Pero aún no hemos llegado al final de la película”, comenta Strogatz. “Instintivamente, estoy realmente aterrorizado”.
Aquí reflexiona sobre lo que significan para las matemáticas, los matemáticos y la humanidad los avances en IA de 2026. Sus respuestas se han editado ligeramente para mayor concisión.
Steven Strogatz Alex Townsend.Foto: Sheryl Sinkow
Sobre la importancia de resolver el problema de existencia y suavidad de Navier-Stokes:
Se trata de un problema matemático muy teórico que, en esencia, no tiene ningún interés para un ingeniero en activo dedicado a la ingeniería civil o la aerodinámica. Es una cuestión muy, muy esotérica.
Esto es una estrategia de marketing para demostrar la calidad de sus máquinas. A nadie le importa el problema de la singularidad de Navier-Stokes; solo a un pequeño grupo de matemáticos puros le interesa. No afecta a nadie, salvo que para OpenAI puede valer un billón de dólares demostrar que son mejores que Anthropic.
Sobre quién merece el reconocimiento por resolver el problema y el premio de un millón de dólares:
Me encantaría que Córdoba y Martínez-Zoroa se llevaran el dinero, pero seamos cautelosos, porque hay otra pareja de personas de las que habría que hablar: Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, y un joven matemático llamado Levent Alpöge.
Podría decirse que Buckmaster debería llevarse el dinero, ya que, junto con Levent, publicó un par de días antes que OpenAI la solución a tres problemas muy relacionados con las ecuaciones de Navier-Stokes. Son casos ligeramente más sencillos, pero se trata de problemas muy serios e importantes por sí mismos. Estaban en la pista y creo que lo habrían conseguido, pero no lo sabemos.
No conozco a Buckmaster, pero por lo que veo, es muy escrupuloso a la hora de reconocer el mérito ajeno. Se está comportando como un auténtico caballero al respecto. Siento un gran respeto por cómo lo ha gestionado. Me da pena que al final no vaya a obtener aquello a lo que ha dedicado su carrera.
Sobre si la IA sigue necesitando a matemáticos humanos:
Necesitamos una comprensión profunda, es decir, explicar las cosas en términos que los seres humanos puedan entender y apreciar. Actualmente, la mejor comprensión proviene de expertos humanos. ¿Es ahí donde nos quedamos? ¿Nos convertiremos en los grandes intérpretes de lo que hacen las máquinas? Sospecho que seguiremos desempeñando ese papel durante un tiempo, que conservaremos esa habilidad especial de traducción, aunque también espero que las máquinas la superen pronto.
Las matemáticas aplicadas son complejas porque tratan con el mundo real. Cuanto más compleja sea la materia, más resistente será a la IA. Por lo tanto, disciplinas como la economía, las relaciones internacionales o la sociología, entre otras, se podría pensar que estarán relativamente a salvo durante un tiempo.
En matemáticas se pueden hacer infinitas cosas, pero solo algunas resultarán interesantes para los seres humanos. Entonces, ¿quién será el árbitro del buen gusto matemático? ¿Tendrán las máquinas un gusto que conecte con nosotros? Todavía no han dado muestras de ello. Pero no veo por qué no podrían entrenarse en cuestiones estéticas para llegar a ser muy buenas también en eso.
Sobre lo que significa la IA para las matemáticas:
Las matemáticas puras están siendo devastadas o revolucionadas, según el punto de vista. Muchas de las preguntas que nos apasionan están encontrando respuesta. A muchos no nos agrada. Nos encantan esas preguntas. Nos encanta el desafío de pensar en ellas. Pero si solo te importan las respuestas y no el esfuerzo, entonces estás satisfecho.
Ahora veamos el otro lado: también es muy democratizador. Ahora todos pueden participar en las matemáticas. Es un argumento razonable. No quiero estar en mi torre de marfil diciendo: “Oh, no, es asqueroso. Tengo 67 años. He dedicado toda una vida a formarme para poder hacer esto. No quiero que ustedes entren aquí sin haberse esforzado”.
Sobre lo que significa para los matemáticos humanos:
Hay quienes siempre se emocionaron al ser los primeros en escalar la montaña. Pero esa motivación se perderá. Ya no podremos aspirar a escalar las montañas más altas, porque las máquinas siempre llegarán primero. Perderemos siempre. Así que, si alguna vez te motivó eso, ese juego se acabó.
Ahora bien, uno podría preguntarse: "¿Por qué es ese el único juego que existe?". No lo es. No juego en Wimbledon, pero sigo jugando al tenis. No somos tan buenos como los mejores programas de ajedrez, pero aun así nos encanta el ajedrez. ¿Será ese el futuro de las matemáticas, un juego hermoso en el que no somos expertos, pero que aun así disfrutamos?
Podría ser, pero eso tiene muchas implicaciones. Si las matemáticas se reducen a eso, ¿por qué alguien nos pagaría por hacerlas? Cuando todo ese trabajo lo realiza la IA, no hay necesidad de invertir dinero en matemáticos humanos. Y esa parece una trayectoria muy probable, a menos que la detengamos.
Sobre lo que significa para la humanidad:
Siento que estamos en el primer campo de batalla de las matemáticas, al borde de perder la comprensión humana. Quizás, afortunadamente, las consecuencias no sean graves, pero veremos qué significa eso para la humanidad. ¿Somos acaso el presagio de lo que le espera a la humanidad?
Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.