La depresión no vive solo donde creíamos: un estudio revela su relación con la visión y el movimiento del cuerpo

La depresión suele asociarse con la tristeza, la pérdida de interés o los pensamientos negativos. Sin embargo, un nuevo estudio encontró que los síntomas depresivos también se relacionan con regiones del cerebro vinculadas con algo menos evidente: la forma en que procesamos lo que vemos, movemos el cuerpo y percibimos sus sensaciones.
La investigación, publicada en Nature Mental Health, reunió datos de resonancia magnética de 23,417 personas procedentes de seis grandes bases de datos. El equipo identificó diferencias pequeñas, pero consistentes en la estructura de distintas regiones cerebrales. Estas aparecieron tanto en zonas frontales que ya se habían relacionado con la depresión como en áreas visuales y somatomotoras.
El hallazgo amplía un mapa que durante años se concentró principalmente en regiones asociadas con las emociones, la memoria, la recompensa y los pensamientos sobre uno mismo. También abre nuevas preguntas sobre la dimensión física de la depresión y su relación con el movimiento, la percepción y el cuerpo.
No toda la grasa corporal afecta igual al cerebro. Científicos descubrieron que la grasa visceral provoca los cambios cerebrales más importantes y se relaciona con un mayor deterioro de las capacidades cognitivas.
La visión y el movimiento también aparecen en el mapa
Una de las principales novedades estuvo en el sistema somatomotor, el conjunto de regiones que interviene en los movimientos voluntarios y en el procesamiento de las sensaciones corporales.
Las asociaciones aparecieron en la circunvolución precentral (donde se localiza buena parte de la corteza motora primaria que controla y planea los movimientos voluntarios el cuerpo), en la circunvolución postcentral (que procesa información como el tacto, el dolor y la posición de los músculos) y en la región paracentral (vinculada con funciones motoras y sensoriales de las piernas).
El estudio también identificó asociaciones en la circunvolución fusiforme, implicada en el procesamiento de rostros, objetos y formas complejas, y en la región pericalcarina, donde se encuentra gran parte de la corteza visual primaria, una de las primeras áreas corticales que procesa la información visual.
Una mayor intensidad de los síntomas se relacionó con un menor volumen de materia gris (el tejido que contiene gran parte de los cuerpos de las neuronas) o con una menor superficie cortical en varias de estas regiones. El análisis comparó estas características entre miles de personas, pero no siguió su evolución a lo largo del tiempo. Por eso, los resultados muestran asociaciones y no una disminución cerebral causada por la depresión.
El equipo también analizó la conectividad funcional, es decir, qué tan sincronizada está la actividad de distintas regiones del cerebro cuando una persona se encuentra en reposo. En este análisis, la red somatomotora apareció entre las más relacionadas con la depresión. Aun así, los autores pidieron cautela porque estos resultados variaron más entre las seis bases de datos que los hallazgos sobre la estructura cerebral.
La depresión también puede afectar la forma en que una persona se mueve y se siente físicamente. Sin embargo, este estudio no analizó si las diferencias cerebrales encontradas explican síntomas como la fatiga o la lentitud al hablar y moverse. Tampoco evaluó directamente la visión, la coordinación o la movilidad de los participantes.
Los autores señalan que todavía falta entender por qué las regiones visuales y somatomotoras aparecen relacionadas con la depresión. Además, las áreas somatomotoras también han mostrado alteraciones en otros trastornos psiquiátricos y condiciones cognitivas, lo que sugiere que este patrón podría no ser exclusivo de la depresión.
¿Por qué fue necesario mirar todo el cerebro?
Durante años, gran parte de la investigación se concentró en estructuras como el hipocampo (relacionado con la formación de recuerdos y el aprendizaje) y la amígdala (involucrada en el procesamiento de las emociones y de posibles amenazas). También se ha estudiado mucho la red de modo predeterminado, un conjunto de regiones que participa en procesos internos como recordar, imaginar, pensar en uno mismo o darle vueltas repetidamente a una idea.
El problema, señala el estudio, es que los resultados no siempre han coincidido. Una búsqueda en PubMed sobre neuroimagen y depresión arroja más de 11,000 artículos, pero revisiones recientes no habían conseguido identificar un patrón cerebral claro que se repitiera de manera consistente. Entre las posibles razones están las muestras pequeñas, el uso de distintas escalas para medir la depresión y la tendencia a examinar regiones consideradas importantes.
Para reducir esos problemas, la investigación analizó regiones de todo el cerebro. Los autores examinaron por separado seis bases de datos que incluían a niñas, niños, adolescentes y personas adultas de distintas edades. Después combinaron los resultados para identificar las asociaciones que se mantenían entre grupos diferentes.
Las personas que participaron habían respondido cuestionarios sobre la intensidad de sus síntomas depresivos o sobre rasgos vinculados con una mayor susceptibilidad a la depresión, como el neuroticismo y la tendencia a actuar impulsivamente durante estados de ánimo negativos.
La mayoría no había pasado por una evaluación clínica para recibir un diagnóstico. Por eso, los autores usan la palabra “depresión” en un sentido amplio y no únicamente para hablar del trastorno depresivo mayor diagnosticado por especialistas. Las muestras incluyeron desde personas con niveles bajos de malestar hasta participantes con síntomas más intensos.
Además de las regiones visuales y somatomotoras, el estudio confirmó asociaciones en zonas frontales como la corteza orbitofrontal (que participa en la valoración de recompensas y la toma de decisiones), la corteza cingulada anterior (relacionada con la atención y la regulación emocional) y la ínsula (implicada en la percepción de señales internas del cuerpo).
Un resultado inesperado y varias preguntas abiertas
Otro resultado inesperado fue que el estudio no encontró una relación consistente entre la depresión y ninguna de las 16 regiones subcorticales analizadas, entre ellas la amígdala, el hipocampo y el núcleo accumbens. Estas estructuras se encuentran debajo de la corteza cerebral y habían ocupado un lugar importante en investigaciones anteriores sobre depresión.
Los autores proponen que estas diferencias podrían aparecer con mayor claridad en cuadros más graves, depender del tiempo que una persona ha vivido con depresión o seguir patrones más complejos que una relación directa entre más síntomas y menor volumen cerebral.
Los hallazgos no permiten diagnosticar la depresión mediante una resonancia magnética, pero sí amplían el mapa de las regiones cerebrales asociadas con sus síntomas. El siguiente paso será entender qué papel desempeñan en la experiencia de la depresión.