La Kika, mujer albañil: "Un jefe de obra me dijo que tendría que estar en casa fregando los platos. Yo le dije que tenía lavavajillas y que no fregaba"

Publicado: 07/09/2026 · 07:00 CEST
La Kiki, albañila | YouTube
Con el paso de las décadas en España, el papel de la mujer ha cambiado por completo. De pasar a ser amas de casa la gran mayoría, estas comenzaron a poder estudiar más y acceder al mercado laboral hasta alcanzar más puestos directivos o asumir gestiones de más responsabilidad. En cambio, no en todas las profesiones es así. Por ejemplo, hay algunos sectores como el de la construcción, donde habitualmente trabajan hombres, donde no es habitual ver a mujeres. Poco a poco, los tiempos están cambiando y con ello se dejan los prejuicios de lado.
Cristina Moya es una albañila, cuyo trabajo es alicatar baños. Lo hace con mucha ilusión y ganas y tiene ya más 20 años de experiencia en el sector. Ha trabajado en grandes obras, aunque su trabajo le costó al principio por el machismo. Ahora, la más conocida como la Kika en redes sociales, comenta por qué dejó su trabajo de toda la vida cuidando niños por el mundo de la construcción y lo que supuso para ella.
La Kika comenta cómo se metió a alicatar baños en la construcción
En una entrevista para el canal Sector oficios, la Kika explica por qué dejó su trabajo para meterse a alicatar baños. “Yo trabajaba en una guardería cuidando bebés de asistenta infantil en la Junta de Andalucía y salió una oportunidad de una escuela taller en 2004 o 2005. Era una oportunidad y dejé mi trabajo para hacer un curso de dos años en la construcción como alicatadora y soldadora”, comenta como su cambio drástico.
Comenzó estudiando auxiliar de clínica, pero no le “gustó”. Después trabajó con niños y estaba “contenta”, pero con la oportunidad del curso no lo dudó. “Me gustó tanto lo de hacer un cuarto de baño que dije ‘esto es lo mío’”.
Con el avanzar de los meses, su pasión hizo que le gustara su trabajo. “Me gustó el proceso y el aprendizaje que salí con un contrato de oficial de segunda. Con los años, en una obra y en otra, me fui ganando mi puesto hasta que llegué ser alicatadora de primera y superorgullosa”, explica.
La opinión de su familia
La Kika siempre tuvo el apoyo de su familia para dejar un trabajo de toda la vida para estudiar de nuevo y meterse en la obra. Con lo que todo conlleva, ella lo tuvo claro. Le viene de familiar, porque su padre fue soldador y ella misma lo ha aprendido con el tiempo.
“En casa estaban contentísimos, porque mi madre aunque haya sido limpiadora, pero no solo hizo eso, sino que también le alicató la casa a mi hermano. Sin tener conocimiento de plomos, ni de niveles… y quedó preciosa. Si mi madre fue capaz de hacer todo eso, yo en un curso sería capaz de hacer la casa entera”, explica.
El machismo, presente en la obra y cómo lo combatió
Uno de los principales problemas que ha tenido Cristina Moya en la construcción ha sido afrontar el machismo en la obra. “Al principio los primeros años fueron muy duros. Yo llegaba con toda la ilusión a pedir trabajo. Me decían que no. Yo preguntaba y me ponían excusas baratas, como que si me ponían a trabajar los otros 20 me iban a mirar todo el tiempo. Yo le decía pruébame un par de días. Un día llegué y fue así. Me quedé sorprendida. Efectivamente, mi primera obra grande de 300 personas haciendo baños, cocinas y ahí disfruté como una enana y me sentí realizada. Habrían pasado un par de años o tres. Mientras le hacía el cuarto a mi madre, el patio a mi hermana…”, dice sobre lo que tuvo que hacer hasta que alguien le diera una oportunidad.
Un primer día en el que llegó “nerviosa”, pero que gracias a su esfuerzo y trabajo la gente acabó dándose cuenta de que “esta tía sabía lo que hacía”.
Pero sin duda, el peor momento que tuvo que pasar fue con el machismo en la obra. Lo cuenta sin pelos en la lengua: “Tuve un jefe de obra un poco complicado. De estos que no le gustan las mujeres. Su primera palabra que me dijo fue ‘qué hacía allí en la obra. Tú lo que tendrías que estar es en tu casa fregando los platos. Yo le dije que tenía lavavajillas. Yo no friego. Eso tú que tienes a tu mujer de esclava. Me dejó alicatar el cuarto de baño. El tío no sé cómo venía que le pegó con la agenda, no le gustaba. Yo me eché a llorar. Me intimidó como si hubiera hecho algo… Vimos el que me enseñaron y estaba igual. Pero con el golpazo se llenó todo de pegolán. Me fui a otro encargado de obra lo que me había pasado, llorando como un niño pequeño. Acabó el día y vino este hombre a pedirme disculpas”, dice sobre este jefe de obra.
En ese trabajo, los problemas no cesaron y decidió que lo mejor era un cambio de destino: “Ahí duré poco, un par de meses. En la misma empresa me mandaron a otro lado porque él no quería mujeres y que no iba a parar hasta que me echase. Me lo hizo pasar muy mal. Eres una mujer en un trabajo con 200 hombres. Siempre van a mirar tu trabajo más que los demás”.
Asimismo, la Kika cuenta otro problema que tuvo y cómo le echó coraje para resolver el problema, dando a entender el carácter que tiene y la resiliencia para seguir adelante: “En un chalet en una piscina. Las paredes chorreaban agua y el hombre que no le entraba que yo fuese alicatadora de mezcla. Me lo decía y yo le decía que sí. Me mandó a solar 30 metros de barro. Era un hombre mayor, de 50 y tantos años. Este dijo que no asistía a una niñata y que cómo iba a ser oficial si él llevaba 30 años de peón. Yo le dije que tenía que ser un inepto para no haber avanzado. Si a ti te pagan para abastecerme a mi agacha la cabeza y sirve mezcla que hay que poner el suelo”, le contestó de forma dura y tajante al peón.
Pero no todo ha sido malo en la obra, ya que asegura haberse “encontrado con otros jefes maravillosos", que han aprobado sus trabajos. “Yo en mi cuarto de baño cantando a mi rollo. Me dicen qué bien que hay gente que trabaja con alegría. Eres la única que estás alegre”.
Señala que ahora el mundo ha cambiado a mejor y que las mujeres pueden acceder a estos puestos más y mejor que antes: “Que ahora den más oportunidades a que una mujer pueda entrar en una obra o contenido de construcción es otro al que había”.
Su plan de emprender
Con el paso de los años, más de 22, la Kika ha pasado por más obras. De momento, alicatar es lo que hace, pero también se ha metido con las reformas: “Alicatar es lo que más hago. Ahora hago más reformas en general, pisos completos. Una reforma de una vivienda son distintos tiempos a la hora de trabajar. Alicatar es lo bonito”, dice.
Pero cree que ha dado el paso de pasarse al mundo autónomo y ser su propia empresa, algo que tiene en mente de realizar más pronto que tarde: “Mis planes son emprender. Ha llegado el momento de que siento que puedo dar un paso más y ser autónoma. Ya tengo un nombre”, dice sobre su futuro en la profesión.
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