La mirada humana detrás del prompt: Los cortos hechos con IA llegan al Festival Internacional de Cine de Guanajuato

Un hombre de rostro alargado está sentado bajo una lámpara, dentro de una habitación azul que parece hecha a mano. Su piel, su ropa y los muebles tienen una textura irregular, como si se tratara de madera tallada. En otra escena, una versión más joven de él toca la guitarra bajo el agua; después, el mismo hombre camina entre flores y árboles moldeados como si fueran parte de una maqueta.
La iluminación, las superficies y el diseño de los personajes recuerdan al stop motion. La historia parte de una pregunta íntima: ¿en quién te habrías convertido si hubieras tomado otro camino? En Little Mes, el protagonista se encuentra con distintas versiones de sí mismo y cada una representa una profesión, una identidad o una decisión que pudo haber formado parte de su vida.
El corto fue dirigido por Lucas Levitan y Fabián Jiménez. Levitan escribió el guion y estuvo a cargo de la dirección de arte, mientras que ambos directores y Zehh Castro participaron en la ejecución creativa con inteligencia artificial (IA). Su apariencia artesanal pone sobre la mesa una discusión que acompaña la entrada de estas herramientas a los festivales: si la IA puede participar en el guion, generar imágenes y reproducir recursos de la fotografía y la animación, ¿el resultado puede considerarse cine?
Little Mes integra la Muestra Especial de Cortos IA del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés), junto con The Well, Where Knights Fall, Rebranding y Costa Verde. Las cinco piezas se exhibirán fuera de competencia y abordan temas como la identidad, la culpa, el trabajo y la memoria familiar. Cada una incorpora la IA de manera distinta, desde la generación visual hasta su uso en varias etapas de producción.
La tecnología también está presente en otras actividades de Epicentro, la sección de innovación audiovisual del festival. Su programa incluye sesiones sobre flujos profesionales de producción, aplicaciones en ficción y documental, y un panel sobre conservación de la memoria fílmica. El GIFF se celebra del 24 de julio al 2 de agosto en Guanajuato capital y San Miguel de Allende.
Desde ahí, la muestra abre la discusión sobre si estas piezas pueden considerarse cine y bajo qué condiciones. Epicentro no busca ofrecer una respuesta definitiva, sino explorar qué papel tienen la autoría y la mirada humana cuando la IA interviene en el proceso.
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Para Adrián López, director de Epicentro, una imagen generada adquiere identidad a partir de las decisiones de quien la dirige. El conocimiento técnico, las referencias culturales y la intención narrativa influyen en qué se muestra, cómo se construye una escena y qué busca provocar en el público.
“Hablamos mucho de ella [la tecnología] como si fuera a resolver todo, pero el proceso humano es lo que realmente va a marcar la diferencia entre proyectos [...]. La inteligencia artificial ya está aquí, pero ¿dónde está la humana? Siempre queremos poner el centro en lo humano”, dice en entrevista con WIRED en Español.
La IA aprende los códigos del cine
La IA generativa ya logra emular recursos asociados con la fotografía y la posproducción. Una instrucción puede pedir el efecto de distintos tipos de lente, una profundidad de campo específica, determinada textura o un tratamiento de color. Pero esto todavía depende, en gran medida, del conocimiento de quien formula el prompt.
“Puedes pedirle a la IA que te dé imágenes como si hubieran sido tomadas por un lente superamplio o un telefoto, pero para eso tienes que saber del tema, conocer el desenfoque, la distorsión del lente y lo que quieres conseguir”, explica López.
La instrucción permite solicitar un resultado asociado con ese conocimiento. La elección de usarlo responde al tono y la atmósfera de la obra. En Little Mes, la estética se aleja del hiperrealismo y, en cambio, construye un universo de muñecos, maquetas y texturas aparentemente artesanales para presentar una inquietud humana: las vidas que una persona pudo haber vivido.
Los cortometrajes de la muestra incorporaron la IA en distintos momentos. Algunos la utilizaron desde el guion hasta la generación de imágenes; otros partieron de textos, fotografías, diseños o referencias creadas por sus autores y recurrieron a herramientas generativas solo en etapas específicas.
Por eso, López advierte que la etiqueta “hecho con IA” dice poco sobre cómo se produjo una obra. Puede referirse tanto a un creador que concentra varias tareas con distintas plataformas como a un equipo que mantiene funciones separadas para el guion, el arte, la música y el sonido.
Los sesgos detrás de una imagen
Una imagen puede ser técnicamente convincente y aun así parecer genérica. Estudios sobre modelos de texto a imagen han identificado sesgos culturales y geográficos, además de una tendencia a generar representaciones dominantes cuando las instrucciones son poco específicas.
López lo ejemplifica: “Cuando quieres evitar los sesgos de la IA, tienes que hacer mucho más trabajo de prompting. Si le pides una mujer caminando por un bosque, probablemente te muestre a una mujer blanca en un paisaje de pinos. Para situarla en un bosque de Michoacán, tienes que conocer las plantas de la región y pensar cómo sería esa mujer en ese contexto”.
Así, el conocimiento humano sigue ocupando un lugar central. López dice que la IA puede ampliar las posibilidades de realizadores con poco presupuesto, dándoles acceso a una animación elaborada, un rodaje más ambicioso o un equipo de posproducción más grande. También permite que las tareas se concentren en menos personas.
“En México, una persona muchas veces hace el trabajo que en Estados Unidos se reparte entre cinco o diez perfiles, porque allá los puestos son mucho más especializados. Mientras en Estados Unidos la IA puede traducirse en reducción de empleos, aquí todavía puede servir para aligerar la carga de quienes ya hacen demasiadas cosas”, detalla.
Rebranding, otro de los cortos de la muestra, refleja esa transformación en su historia. Michael Eng es el director, guionista y productor de una pieza que utilizó distintas herramientas para generar e intervenir imagen, video, voz y música. La historia sigue a un creador que intenta resistirse a la IA, mientras la misma tecnología empieza a transformar su trabajo.
Transparentar qué hizo la IA
Cuando la IA interviene en distintas partes de una película, es más difícil identificar qué hizo cada persona. En algunas obras solo se usa para generar imágenes, pero en otras también está involucrada en distintas etapas de la producción. Para López, el primer paso consiste en transparentar este proceso.
“Lo primero es declarar el uso. Ese es el primer rasgo ético que tienes que tener. Después debes identificar tus procesos para decir dónde la usaste: si fue para generar el estilo, la música, una textura o una parte de la imagen. Eso también permite proteger lo que sí hiciste tú”, detalla.
En la convocatoria del GIFF, las producciones debían indicar si habían usado IA, pero no se solicitó un desglose exhaustivo de cada herramienta o etapa. Esta limitación, reconoce López, forma parte de una industria que apenas está construyendo criterios para evaluar estas obras.
También importa saber cuál es el origen de los materiales usados por la IA. Un modelo puede imitar estilos, voces, rostros o actuaciones sin que sus autores lo sepan. López reconoce que ese es uno de los límites más claros: “Siempre estaré en contra de que se viole la identidad de una persona sin su consentimiento”.
Para reducir estos riesgos, hay creadores que han decidido trabajar con materiales propios y autorizados, como fotografías, diseños, voces o registros de actores que aceptaron participar. De esta forma, mantienen mayor control sobre las referencias y explican con más claridad qué aportó cada quien y qué hizo la IA.
Recuperar o transformar la memoria cinematográfica
La IA también puede usarse para recuperar películas. Epicentro dedicará un panel a discutir estas posibilidades con especialistas de la Cineteca Nacional, Procine CDMX, la UNESCO y la industria audiovisual, pero también los dilemas que surgen cuando la tecnología interviene una obra del pasado.
No es lo mismo reparar una imagen dañada o limpiar el sonido que colorear una película, ampliar sus encuadres o agregar fragmentos que antes no existían. En esos casos, la intervención puede cambiar la forma en que fue pensado originalmente.
López imagina, a modo de ejemplo, la posibilidad de utilizar estas herramientas en una película como Macario, dirigida por Roberto Gavaldón y estrenada en 1960:
La muestra del GIFF no ofrece una definición sobre qué debe considerarse cine hecho con IA; más bien, plantea que la respuesta también depende de quién dirige el proceso, cómo utiliza la tecnología y con qué intención.
“Una de las principales preocupaciones hacia el futuro es cuánto vamos a ceder nuestra agencia y nuestras decisiones a la inteligencia artificial, y cuánto vamos a aflojar el pensamiento y nuestra capacidad crítica. Esa es una pregunta que debe hacerse más al ser humano que a la máquina”, concluye López.