Las bajas calificaciones de tu hijo podrían estar relacionadas con el uso temprano de redes sociales

La edad a la que niños y adolescentes abren su primera cuenta en redes sociales podría influir en su desempeño escolar a largo plazo. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio que, sin establecer una relación de causa y efecto, sugiere que la exposición temprana a estas plataformas de interacción social podría convertirse en un factor asociado con una menor capacidad de aprendizaje, al menos en determinadas materias.
La investigación, realizada por especialistas de la Universidad de Milano-Bicocca y la Universidad de Brescia (ambas en Italia), buscó determinar si crear una cuenta en redes sociales a edades tempranas podría tener consecuencias sobre los procesos de aprendizaje durante la etapa escolar. A diferencia de trabajos anteriores, el estudio no se centró en la frecuencia de uso de estas plataformas en un momento específico. En su lugar, evaluó la posible influencia de una exposición temprana a las redes sociales a lo largo de varios años en la trayectoria académica de los estudiantes.
Para ello, los investigadores analizaron la relación histórica con las redes sociales de más de 5,200 estudiantes del sur de Italia que actualmente cursan los primeros años de preparatoria (décimo y onceavo grado en el sistema educativo italiano). La información se recopiló mediante una encuesta retrospectiva diseñada específicamente para este estudio, la cual permitió reconstruir los antecedentes de cada participante a partir de datos autodeclarados sobre su trayectoria escolar, el grado en que tuvieron su primer contacto con distintos dispositivos tecnológicos, la existencia de medidas de control parental, los patrones actuales de uso del teléfono inteligente y diversos aspectos relacionados con sus hábitos cotidianos y digitales.
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Posteriormente, estos perfiles se combinaron con los resultados obtenidos por los participantes en exámenes estandarizados nacionales de italiano, inglés y matemáticas. La información sobre el rendimiento académico consideró únicamente las evaluaciones presentadas en segundo, quinto, octavo y décimo grado, cuyos registros fueron proporcionados por el Instituto Nacional Italiano para la Evaluación del Sistema de Educación y Formación.
Tomando como referencia el grado escolar en el que cada estudiante abrió su primera cuenta en redes sociales, los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. El primero reunió a quienes crearon su primer perfil entre sexto, séptimo y octavo grado, considerados usuarios tempranos. El segundo estuvo integrado por estudiantes que esperaron hasta noveno grado para incorporarse a estas plataformas y fue utilizado como grupo de comparación.
Para analizar la información, los investigadores recurrieron al método de diferencias en diferencias (DiD, por sus siglas en inglés). Este procedimiento permitió comparar la evolución del desempeño académico de ambos grupos antes y después de comenzar a utilizar redes sociales. Con el fin de reducir la influencia de factores ajenos a la exposición temprana, los científicos aplicaron además un modelo de emparejamiento que identificó estudiantes con características similares en ambos grupos, considerando variables como el nivel educativo de los padres, la estructura familiar, la situación económica, el rendimiento escolar previo y el acceso temprano a otras tecnologías.
El acceso temprano a redes sociales aumenta la probabilidad de repetir un año escolar
Los resultados generales mostraron que el 47% de los estudiantes recibió su primer smartphone durante la recta final de la educación secundaria (sexto grado). Esta cifra podría explicar que el 29.5% de los participantes reportara haber abierto su primera cuenta en redes sociales en ese mismo grado, mientras que únicamente el 16.3% esperó hasta noveno grado, cuando los estudiantes tienen en promedio 15 años, la edad mínima establecida por la legislación italiana para acceder de manera autónoma a estas plataformas.
A partir de este análisis, el estudio encontró que quienes comenzaron a utilizar redes sociales a edades más tempranas obtuvieron, con el paso de los años, peores resultados en italiano y matemáticas que aquellos que retrasaron su ingreso hasta noveno grado. En promedio, los estudiantes que abrieron su primera cuenta en sexto grado registraron una diferencia cercana a 0.2 desviaciones estándar en estas pruebas respecto a sus compañeros.
En términos prácticos, esto significa que, al comparar su nivel de conocimientos con el de estudiantes que comenzaron a utilizar redes sociales a una edad mayor, su desempeño fue equivalente al de alguien que había acumulado aproximadamente seis meses menos de aprendizaje escolar.
"Esto significa que la pérdida de competencias inducida por el momento modal de apertura de una cuenta de redes sociales (es decir, sexto grado), en comparación con la adopción tardía sugerida, representa aproximadamente el 30% de una de las mayores brechas sociales en educación. Desde otra perspectiva, esta pérdida de competencia es, en términos absolutos, aproximadamente la mitad del impacto promedio de las intervenciones de tutoría intensivas y costosas, que actualmente se encuentran entre las estrategias educativas más efectivas para mejorar el rendimiento estudiantil", señalan los autores.
De acuerdo con el artículo publicado hoy en Nature Human Behaviour, estas diferencias no se observaron al evaluar el desempeño en inglés. Los investigadores plantean, como hipótesis, que esto podría explicarse porque una gran parte del contenido disponible tanto en internet como en las propias redes sociales se encuentra en ese idioma. Como consecuencia, los jóvenes podrían recibir una exposición adicional al inglés que compensaría, al menos parcialmente, los posibles efectos negativos sobre el aprendizaje.
Además, el estudio encontró que los estudiantes que comenzaron antes a utilizar redes sociales presentaban una mayor probabilidad de repetir un año escolar, menores posibilidades de obtener calificaciones sobresalientes y un nivel más bajo de confianza en sus propias capacidades académicas.
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Según los autores, la disminución del rendimiento escolar observada podría explicarse, en parte, por la presencia prácticamente constante del smartphone en la vida cotidiana de los adolescentes. Señalan que la interacción con este dispositivo ocurre en momentos clave del día, como al despertar, antes de dormir, durante la realización de tareas escolares e incluso dentro de la escuela, lo que podría reducir el tiempo y la atención dedicados a actividades que requieren un mayor nivel de concentración, como estudiar o descansar adecuadamente.
Los investigadores reconocen, sin embargo, que su trabajo presenta diversas limitaciones. En primer lugar, los participantes proceden de una región muy específica de Italia, por lo que los resultados no necesariamente pueden extrapolarse a otras zonas del país o a naciones con sistemas educativos, contextos culturales o patrones de uso digital diferentes. Asimismo, una parte importante del análisis se basó en información proporcionada por los propios estudiantes en una encuesta retrospectiva, de modo que la precisión de estos datos depende de la capacidad de los participantes para recordar acontecimientos ocurridos años atrás.
Natalia I. Kucirkova, profesora de Educación y Desarrollo Infantil de la Universidad de Stavanger, señaló en una declaración retomada por SMC Media que "al considerar el momento de la creación de la cuenta como un indicador de una amplia gama de actividades potencialmente muy diferentes, el estudio deja sin medir gran parte de la exposición real, lo que limita la fiabilidad con la que pueden interpretarse sus conclusiones".
Por ello, los propios autores enfatizan que "dada la sensibilidad del tema y el intenso y polarizado debate surgido en los últimos años, estos hallazgos deben interpretarse con la máxima cautela y responsabilidad". También subrayan que los resultados no demuestran una relación causal entre el uso temprano de redes sociales y una disminución del rendimiento académico.
No obstante, consideran que la asociación identificada entre ambos factores sugiere que "podrían ser beneficiosas las políticas que retrasen el acceso a las redes sociales hasta que los niños alcancen la madurez cognitiva suficiente para gestionar sus posibles distracciones".