Qué es NERV y cómo una cuenta de fans de Evangelion terminó salvando vidas en Japón

Cuando ocurre un terremoto, miramos el teléfono. Si suena una alerta de tsunami, comprobamos hasta dónde podría llegar la ola. Si se acerca un tifón, seguimos el movimiento de las nubes y el nivel de los ríos. Hoy en día, es difícil tomar decisiones ante una catástrofe sin depender de la información que recibimos.
Daiki Ishimori lleva años dedicado a difundir información sobre catástrofes. Todo comenzó tras el Gran Terremoto del Este de Japón del 11 de marzo de 2011. Su casa, ubicada en Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi, quedó destruida. Durante aquellos días, hubo momentos en los que ni siquiera sabía si su familia estaba a salvo.
Impulsado por el deseo de "conocer la información lo antes posible", comenzó a difundir información sobre la catástrofe a través de la cuenta de Twitter "Organismo Especial NERV", que en un principio había creado como actividad de fans de Neon Genesis Evangelion.
Después del terremoto surgió en internet la "Operación Yashima", la iniciativa pedía ahorrar electricidad ante la escasez energética en la zona abastecida por la Compañía Eléctrica de Tokio. Ishimori y el Organismo Especial NERV tuvieron un papel importante en su difusión. El nombre hacía referencia a una estrategia de Evangelion en la que se reúne electricidad de todo Japón.
Así, Organismo Especial NERV, una cuenta que tomó prestado su nombre de la ficción, se transformó en una entidad capaz de informar a la población y movilizarla en medio de una catástrofe real. Esa actividad terminó dando origen a la aplicación de prevención de desastres de la Agencia Especial NERV.
NERV llama la atención por ofrecer información sobre terremotos y tifones en todo Japón con mayor rapidez que ningún otro.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
A pesar de ser quien transmite la información, Ishimori afirma que "no se fía al 100% de la información de NERV". Gracias a la IA, ahora es muy fácil crear imágenes y audios falsos, por lo que a los particulares les resulta cada vez más difícil discernir la veracidad de la información. Ni siquiera la información que publican los organismos públicos puede escapar a las limitaciones de las observaciones y la tecnología.
Entonces, ¿cómo podemos distinguir la información que circula en internet de los datos reales? ¿Y qué hace que esa información nos lleve a actuar? WIRED Japón conversó con Ishimori, quien comenzó a difundir información sobre desastres tras la impotencia que sintió después del terremoto del 11 de marzo, cuando pensó que "no había servido de nada".
Esta entrevista fue editada para mayor rapidez de lectura y compresión.
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Shinichiro Sato: ¿Cómo empezaste a difundir información sobre catástrofes?
Daiki Ishimori: El punto de partida fue el Gran Terremoto del Este de Japón de 2011. Para entonces, ya existía en Twitter la cuenta "Organismo Especial NERV", que había creado como parte de un proyecto para desarrollar un bot. En un principio era lo que hoy llamaríamos una cuenta de fans o paródica, sin ningún vínculo con los creadores de Evangelion.
Cuando ocurrió el terremoto, mi casa familiar en Ishinomaki quedó afectada y durante un tiempo no supe dónde estaba mi familia ni si se encontraba a salvo. Lo primero que pensé fue: "Necesito información sobre prevención de desastres lo antes posible". Al principio publicaba todo manualmente, pero poco a poco fui automatizando el proceso.
En aquella época, estábamos en plena transición de los teléfonos tradicionales a los smartphones, y funciones como la televisión móvil (One Seg) estaban desapareciendo, por lo que a veces, al salir de casa, no había forma de recibir información. En este contexto, la cuenta empezó a ganar popularidad entre un gran número de personas.
Ishimori trabajando.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
Así que, partiendo de la difusión de información en Twitter, se fue desarrollando hasta convertirse en la aplicación de prevención de desastres NERV, ¿no?
Lo bueno de Twitter es que una sola cuenta permite difundir información de todo el país. El problema es que, para quienes solo necesitan saber qué ocurre en su zona, entre el 70% y el 80% de esa información acaba siendo spam.
En aquel momento también recibimos peticiones como: "Queremos una cuenta para cada una de las 47 prefecturas" o "Queremos cuentas por municipio". Pero crear más de 1,700 cuentas no era realista y además chocaba con las condiciones de uso de Twitter. Tampoco podíamos enviar notificaciones solo a quienes necesitaban determinada información. Así que la solución era crear una aplicación.
El problema era que ya existían aplicaciones de grandes medios de confianza, como "Yahoo! Alertas de catástrofes" o “NHK Noticias y prevención de catástrofes”. Nos preguntamos qué sentido tenía entrar tan tarde en ese mercado e incluso consideramos seguir apostando por un bot. Poco a poco surgió una idea clara: si nosotros creáramos una aplicación, ¿qué necesitaríamos que hiciera? Eso ocurrió entre 2018 y 2019.
A la mesa junto a Ishimori se sienta Takafumi Nukaya, CEO de Gehiln. Es un amigo íntimo y socio de negocios con el que Ishimori lleva más de veinte años forjando una estrecha relación.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
La información es importante, pero lo que realmente salva vidas es actuar. ¿Cuál crees que es la función esencial de la información sobre catástrofes?
En primer lugar, un desastre es un fenómeno que afecta la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, un deslizamiento de tierra o una corriente de lodo pueden ser fenómenos naturales, pero se convierten en desastres cuando destruyen viviendas o alteran la vida cotidiana.
Lo mismo ocurre con las pandemias, los accidentes nucleares e incluso con los misiles o las fallas de sistemas. En definitiva, recopilamos y difundimos información sobre aquello que puede afectar la vida diaria de las personas.
Esa información es solo uno de los elementos que ayudan a tomar decisiones. Nuestra función es ofrecer datos que permitan a cada persona decidir cómo proteger su vida y sus bienes. Creo que ahí está lo esencial de nuestro trabajo.
Cuanto más aumenta el número de usuarios, mayor es la influencia que esos "elementos de juicio" ejercen sobre el comportamiento de las personas. ¿Alguna vez sientes que, al difundir información, estás asumiendo una responsabilidad excesiva?
Cuantos más usuarios tenemos, mayor es el alcance de un solo tuit o una notificación push. Si esa información puede influir en la vida y el comportamiento de las personas, entonces tenemos una gran responsabilidad.
Al mismo tiempo, las redes sociales han hecho que ese efecto sea mucho más visible. Las imágenes de las zonas afectadas llegan en tiempo real y pueden intensificar considerablemente el efecto psicológico de la información sobre desastres.
Datos recopilados por la app NERV.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
En Japón se producen desastres casi todos los años. Aun así, para muchas personas la prevención no es "algo que les afecte directamente". ¿A qué crees que se debe?
Llegamos a la conclusión de que quizá se deba a la falta de una conexión personal. La sensación de realidad cambia cuando el desastre ocurre en tu lugar de origen, afecta a un amigo o has perdido a un familiar. Cuando existe una experiencia cercana, deja de sentirse como algo ajeno.
Además, no creo que las únicas personas afectadas sean quienes estaban ahí cuando ocurrió el desastre. Hay quienes se ven involucrados a través de familiares, amigos u otros vínculos, mientras que para otros esa sensación se desvanece con el tiempo.
Entonces, ¿qué hace que alguien empiece a sentirse afectado? Creo que puede ser la responsabilidad o incluso la impotencia. Al final, la diferencia está en si existe una conexión personal que haga que la catástrofe se sienta como algo propio.
Mencionaste que uno de los motivos por los que iniciaste la app fue la "sensación de impotencia" que sentiste tras el 11 de marzo. Desde entonces, ¿los desastres se volvieron un tema personal?
El 11 de marzo sentí que "no había servido de nada". La costa de Sanriku ha sufrido grandes tsunamis en repetidas ocasiones, como los de 1896, 1933 y el provocado por el terremoto de Chile en 1960. Pensé que, si volvía a ocurrir y no estaba preparado, la sensación de impotencia sería todavía mayor. Me preguntaría: "¿Qué estaba haciendo yo en ese momento?".
Por eso decidí hacer lo que estaba en mis manos: obtener información lo antes posible y difundirla. Cuando ocurrió el reciente terremoto de Kumamoto, coincidió con el día en que anunciamos una mejora importante en el rendimiento de las notificaciones push, así que sentí que habíamos llegado a tiempo.
Aun así, nunca parece suficiente. Con el mapeo de crisis en el que trabajo ahora, por ejemplo, hay aspectos para los que creo que todavía no estábamos preparados. Cada desastre deja nuevas lecciones y cosas que debemos mejorar.
Por muy precisa que sea la información, no es seguro que la gente vaya a evacuar. ¿Qué es lo más difícil a la hora de diseñar la información para incitar a la acción?
En primer lugar, la información siempre tiene sus límites y sesgos. Creo que lo más difícil es incorporar eso en el diseño de la información. Por ejemplo, existen datos sobre la observación de tsunamis en alta mar.
Por ejemplo, puede registrarse una altura de tsunami de 0.2 metros. Esa cifra es exacta porque corresponde a lo observado en el punto de medición. El problema es que, si se muestra sin contexto, alguien podría pensar: "Solo son 20 centímetros". Sin embargo, cuando la ola llega a la costa puede alcanzar unos 2 metros. En ese caso, una cifra precisa puede terminar generando una interpretación equivocada.
Por eso, la aplicación de prevención de desastres de NERV no muestra directamente ese valor, sino un mensaje que indica: "Se ha observado un tsunami en alta mar". Si se prevé que la altura en la costa alcance o supere el nivel de alerta, el aviso cambia a rojo y señala: "Se ha observado un tsunami de gran altura en alta mar".
La precisión numérica y la información necesaria para que la gente actúe no siempre son lo mismo. Diseñamos la forma de comunicar los datos teniendo en cuenta esa diferencia.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
También es importante decidir qué información mostrar y cuál dejar fuera…
La urgencia depende del tipo de alerta. Una alerta sísmica temprana pierde su utilidad si llega varios minutos después, mientras que, en el caso de un tifón, una diferencia de unos minutos o incluso decenas de minutos puede no ser tan importante.
También importa cómo recibe el usuario esos datos. Nosotros llamamos a nuestra aplicación "micromedia". A diferencia de los medios tradicionales, que transmiten básicamente el mismo mensaje a todo el mundo, una aplicación puede adaptar el contenido y el momento de las notificaciones según la ubicación y la configuración de cada persona.
En NERV, por ejemplo, un terremoto de magnitud 5 o superior no genera una alerta para todos los usuarios del país. Las notificaciones se envían según la ubicación de cada persona y los lugares que haya registrado, de modo que solo reciba lo que realmente le concierne.
Quien quiera consultar lo que ocurre en todo Japón puede hacerlo desde las cuentas de NERV en redes sociales. Creamos la aplicación precisamente para filtrar la información según las necesidades de cada usuario. Tenemos claro que no queremos convertirla en una aplicación de noticias.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
Las noticias falsas también fueron un gran problema durante el 11 de marzo de 2011. Ahora, con la IA generativa, cualquiera puede crear textos, imágenes y audios que parezcan reales.
Creo que decir que "no hay que fiarse de cuentas como la de la Agencia Especial NERV" es, en parte, una broma, pero también tiene algo de verdad. Lo ideal sería que cada persona pudiera analizar la información por sí misma y decidir qué creer y qué descartar. El problema es que la información falsa se ha vuelto cada vez más sofisticada.
Por ejemplo, en algunos casos los estafadores se hacen pasar por policías, llaman desde números que parecen pertenecer a comisarías reales y utilizan datos o voces de personas que existen de verdad. Con la IA, incluso es posible imitar una voz. Hemos llegado a un punto en el que, para una persona común, resulta muy difícil evaluar por sí sola qué información es fiable.
Ni siquiera la información que publican organismos públicos como la Agencia Meteorológica es 100% precisa.
Así es. Existen limitaciones técnicas y de observación, por lo que no siempre se puede ofrecer información precisa. La información se difunde buscando el punto más razonable entre la rapidez y la precisión.
En el caso de las alertas sísmicas de emergencia, si nos centráramos únicamente en la precisión, cuanto más tiempo se dedicara, más precisas serían. Pero si llegaran unos minutos después, no servirían de nada. Por eso se busca un equilibrio realista entre velocidad y precisión. Esa incertidumbre está implícita en la información desde el principio. Creo que quienes transmiten la información también deben diseñarla teniendo en cuenta esa incertidumbre.
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NERV cuenta con un sistema de patrocinadores, aunque la información sobre prevención de desastres se ofrece de forma gratuita. ¿Cómo surgió este modelo?
El mantenimiento de los servidores y la recopilación de información conllevan costos. Sin embargo, en el equipo hemos mantenido un debate en el que se planteaba que no era correcto convertir la información sobre prevención de desastres en un plan de pago y crear una situación en la que "solo puedan verla quienes paguen".
Por ejemplo, imagina que estás leyendo un artículo que recoge los testimonios de personas afectadas por una catástrofe y, de repente, aparece un mensaje que dice: "A partir de aquí, el contenido es de pago". Me resultaba incómodo un sistema que obligara a pagar por información que trata sobre la desgracia de esas personas. Queríamos que nuestra iniciativa se distanciara de ese tipo de modelos.
También hay un sistema que permite a los colaboradores participar en actividades reales de prevención de desastres, además de aportar fondos.
Contamos con una función llamada "mapeo de crisis". Se trata de una función que permite visualizar en un mapa la información de apoyo a la vida cotidiana en caso de catástrofe y compartirla entre los usuarios. Aunque cualquiera puede ver el mapa, para publicar información es necesario ser miembro del club de colaboradores. De hecho, hay personas que realizan el mapeo casi a diario y registran la ubicación de sanitarios y desfibriladores externos automáticos (DEA).
Registrar la ubicación de los baños y los DEA en tu zona puede parecer un gesto de generosidad hacia los demás, pero en última instancia, también te beneficia a ti. Cuando ocurra un desastre, recordarás los lugares que registraste. Es para el beneficio de los demás y para el tuyo propio. Así es como está diseñado el sistema.
Además de terremotos y tsunamis, cada vez hay más "desastres invisibles" que paralizan la sociedad, como ciberataques, fallos en los sistemas e interrupciones en las cadenas de suministro. ¿También serán objeto de la labor de NERV?
A veces, un ciberataque paraliza los sistemas de una empresa y algo que parecía no tener relación con nosotros termina afectando nuestra vida cotidiana. Lo mismo ocurre con una guerra. Si se interrumpe el suministro de crudo, sube el precio de la gasolina y aumentan los costos logísticos. Hay acontecimientos que parecen lejanos, pero terminan afectándonos a través de una reacción en cadena.
Antes de fundar NERV, trabajábamos en ciberseguridad. Nos dedicábamos a evaluar vulnerabilidades e investigar fugas de información, así que los ciberataques siempre nos han parecido un problema muy cercano.
Aun así, no sabemos si la aplicación de prevención de desastres de NERV llegará a incluir información más cercana a las noticias, como avisos de que un sistema está siendo atacado. En redes sociales sí publicamos ese tipo de datos. Para empresas, ofrecemos un sistema de gestión de emergencias llamado CRISIS, que ayuda a responder ante desastres, interrupciones en la cadena de suministro y fallas de sistemas.
Fotografía: KAZUO YOSHIDA
Para terminar, ¿cómo definirías una "sociedad resiliente"? ¿Y qué papel pueden desempeñar la información y la aplicación de prevención de desastres NERV para construirla?
No podemos detener los desastres, tampoco es fácil frenar los ciberataques. Son fenómenos que nos llegan de forma unidireccional. Pero la cuestión es: ¿qué capacidad tenemos para asimilarlos y tolerarlos? Creo que eso es lo que conduce a la resiliencia.
Y, una vez que se ha producido un desastre, queremos transmitir información que permita recuperar la vida cotidiana lo antes posible. En el mapeo de crisis, también señalamos información sobre los certificados de damnificados y los lugares donde se puede recibir ayuda.
No podemos eliminar los desastres, pero sí podemos aceptarlos y recuperar nuestra vida a partir de ahí. Desde el punto de vista de la información, quiero ser alguien que pueda apoyar ese proceso.
Artículo originalmente publicado en WIRED Japón. Adaptado por Alondra Flores.