Salvar el cabello del cáncer con tecnología ya es posible, pero pagarlo es el verdadero reto

Wired ES3153 wordsSource

Tania (nombre ficticio para proteger su identidad) se mira frente al espejo mientras le acomodan una peluca. Prueba una larga, ligeramente ondulada y rubia en las puntas, y observa cómo cae el cabello sobre sus hombros. Está en Enzo Hair Society, una tienda especializada en pelucas y sistemas capilares ubicada en Ciudad de México. A su alrededor, las paredes están cubiertas por repisas con decenas de cabezas de maniquí: hay cabellos cortos, largos, lisos y rizados, en distintos tonos. Acompañada por Ana María, su madre, recorre las opciones antes de elegir la que recibirá como donación para una celebración de XV años en la que participará junto con otras adolescentes que tienen cáncer.

Una de sus principales dudas tiene que ver con la comodidad. Hace poco más de un año, cuando comenzó la quimioterapia y empezó a perder el cabello, Ana María le compró una peluca, pero le provocaba comezón y terminó usándola poco.

Las pelucas son una de las alternativas frente a la pérdida del cabello provocada por algunos tratamientos contra el cáncer. Aunque a simple vista parezcan sencillas, su diseño y fabricación pueden cambiar mucho la forma en que se sienten y se usan. En algunos hospitales también existe una tecnología que busca reducir la caída antes de que ocurra: el enfriamiento del cuero cabelludo o scalp cooling, utilizado durante determinadas quimioterapias para intentar conservar parte del cabello. Sin embargo, el acceso a estas opciones depende de distintos factores, como el tipo de cáncer, el tratamiento, la disponibilidad y el costo.

La caída del cabello es un efecto secundario de algunos tratamientos oncológicos, dentro de un panorama que en México alcanza a cientos de miles de personas. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer estimó 201,137 nuevos casos de cáncer en 2024. Poco más de la mitad correspondieron a mujeres y el cáncer de mama fue el diagnóstico más frecuente, con 34,055 casos.

Enzo Hair Society ofrece pelucas con distintos materiales, bases y niveles de personalización para personas con pérdida parcial o total del cabello.

Aranza Bustamante

Perder el cabello transforma la vida cotidiana

La caída suele comenzar unas semanas después de iniciar determinados esquemas de quimioterapia y en la mayoría de los casos es temporal. Una vez terminado el tratamiento, el cabello suele volver a crecer, pero la forma de vivir esos meses cambia de una persona a otra.

Cynthia Villarreal lo ha visto durante años en consulta. Es oncóloga médica especializada en cáncer de mama y dirige el Instituto de Oncología de TecSalud, en Monterrey. Algunas pacientes preguntan por su cabello desde las primeras citas; otras le dan poca importancia frente al resto del tratamiento. “Es algo muy personal”, dice en entrevista con WIRED en Español.

La pérdida del cabello también puede hacer visible un diagnóstico que hasta entonces cada persona decidía cuándo y con quién compartir:

La pérdida del cabello también puede cambiar aspectos muy concretos de la vida diaria. Un estudio publicado en 2021 con 213 pacientes que habían desarrollado alopecia por quimioterapia encontró efectos en sus relaciones con otras personas, en sus actividades cotidianas y en su estado de ánimo, con emociones como tristeza o enojo.

El impacto no fue igual para todas las personas. Las más jóvenes dijeron sentirse más afectadas y también hubo diferencias según el género, la escolaridad, los ingresos y el acceso a seguridad social. Algunas pacientes dijeron que perder el cabello había sido incluso más difícil de afrontar que perder un seno.

En niñas, niños y adolescentes, la pérdida del cabello también alcanza espacios como la escuela. Otra investigación realizada en Colombia con pacientes de entre 9 y 12 años recopiló casos de niñas y niños que se sentían incómodos con su apariencia, recibían burlas y rechazo por parte de sus compañeros.

Una adolescente elige una peluca en Enzo Hair Society, en Ciudad de México, antes de la celebración de XV años organizada para jóvenes con cáncer. Al fondo está Jessica Castillo, gerente de negocio de la tienda.

Aranza Bustamante

Lucía ha visto algunos de esos cambios en Dulce, su hija de 11 años, quien recibe tratamiento oncológico. Cuando comenzó a perder el cabello, la niña dejó de querer salir cuando estaban en casa e incluso evitaba asomarse a la calle.

Detrás del festejo de XV años está Promesas MINOZ ARMY, un grupo formado por seguidoras de BTS que desde 2022 organiza celebraciones y reúne apoyos para jóvenes con cáncer. Lo hace en colaboración con la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), que acompaña a pacientes y familias que enfrentan dificultades económicas durante el tratamiento y facilita apoyos como alojamiento, alimentación, transporte y atención psicológica.

Guadalupe también llegó a Enzo Hair Society con Evelyn, su hija, para que eligiera una de las pelucas donadas. Evelyn tiene leucemia y después de perder el cabello comenzó a pasar más tiempo en su habitación porque no quería que otras personas la vieran. “Para ella fue muy fuerte que se le cayera el pelo, afectó mucho su autoestima”, recuerda su madre.

La leucemia es el diagnóstico más frecuente entre los casos de cáncer infantil registrados en México. Se estiman 7,000 nuevos casos de cáncer al año entre niñas, niños y adolescentes y, entre los casos nuevos notificados de 2020 a 2024, 49% correspondieron a leucemias.

Una vacuna de ARNm que usa IA para identificar qué características del tumor conviene incluir en un tratamiento, ofrece una de las pruebas más sólidas hasta ahora de que es posible crear tratamientos contra el cáncer hechos a la medida.

Enfriar el cuero cabelludo para conservar el pelo

Para pacientes con leucemia, como Evelyn, el enfriamiento capilar no está entre las opciones recomendadas. Cynthia Villarreal explica que estos sistemas pueden utilizarse en muchos tumores sólidos, pero no en cánceres hematológicos. Fuera de esos casos, la posibilidad de usarlos depende del tratamiento y de la valoración de cada paciente.

El sistema de enfriamiento continuo funciona con una máquina que Villarreal compara con un refrigerador. De ella salen mangueras conectadas a una cubierta que se coloca alrededor de la cabeza y por la que circula líquido frío durante el tratamiento. Así, el cuero cabelludo se mantiene a una temperatura entre los 2 °C y los 5 °C.

“Los vasitos sanguíneos que llegan al cabello se vasoconstriñen, se cierran por ese frío. Entonces, eso lo que intenta hacer es evitar que la quimioterapia llegue al cuero cabelludo y con eso que sea posible conservar el cabello”, detalla Villarreal.

El frío actúa de dos maneras. Al contraer temporalmente los vasos sanguíneos, hace que llegue menos sangre y, con ella, una menor cantidad del medicamento hasta los folículos, las estructuras donde nace el cabello. También disminuye la actividad de las células del folículo, lo que puede reducir el efecto de la quimioterapia sobre ellas.

DigniCap, desarrollado por la empresa sueca Dignitana, es uno de los sistemas disponibles en México que mantienen ese enfriamiento de manera continua. También existen otros equipos automatizados, como Paxman y Amma, que funcionan bajo el mismo principio. Utilizar estos sistemas también alarga el tiempo que una paciente pasa en la sala de tratamiento porque la cubierta permanece puesta durante toda la infusión y continúa enfriando el cuero cabelludo después de que termina.

En un estudio realizado por Villarreal y su equipo en Monterrey con 76 pacientes que utilizaron DigniCap entre 2016 y 2020, el enfriamiento comenzaba 30 minutos antes de administrar la quimioterapia y se mantenía entre 60 y 120 minutos después, según el tratamiento. En esa misma investigación, 74% de las pacientes conservó suficiente cabello para no necesitar una peluca.

El sistema debe utilizarse desde la primera sesión y repetirse cada vez que se administra la quimioterapia. “Si la paciente recibe una sola sesión sin la gorrita, el cabello se cae”, menciona. A lo largo del tratamiento, el equipo médico observa cuánto cabello se conserva y qué tan bien se tolera el frío; si la caída es demasiado intensa o el resultado deja de ser satisfactorio, puede decidirse si se suspende.

Gorros de enfriamiento de silicona DigniCap de distintos colores, que indican diferentes tallas, cuelgan de un soporte en el Centro de Infusión Ida Friend del Centro Integral del Cáncer UCSF Helen Diller Family, en San Francisco, California.

San Francisco Chronicle/Hearst Newspapers/Getty Images

Sin embargo, usar esta tecnología no significa mantener el cabello intacto. La especialista explica a sus pacientes que pueden notar caída aun cuando el sistema esté funcionando y que un resultado favorable significa conservar suficiente como para no necesitar una peluca. La efectividad cambia según la quimioterapia, ya que algunos tratamientos provocan una caída mucho más intensa que otros. En ciertos esquemas la proporción de pacientes que conserva suficiente cabello puede acercarse al 90%.

Incluso cuando no se conserva mucho el cabello, hay quienes deciden continuar. Villarreal recuerda casos en los que el cabello se perdió más en unas zonas que en otras, pero las pacientes prefirieron seguir con el enfriamiento porque todavía conservaban parte de él. En su experiencia, algunas también buscan mantener esas zonas mientras comienza la recuperación del cabello después del tratamiento.

El frío puede llegar a ser incómodo. La oncóloga recomienda llevar ropa abrigada, usar guantes o calcetines y tomar bebidas calientes durante la sesión; algunas personas también necesitan un analgésico si presentan dolor de cabeza. En el estudio, los escalofríos y el dolor de cabeza estuvieron entre las molestias más frecuentes, pero solo tres de las 76 pacientes suspendieron el procedimiento porque no lo toleraron.

Durante los primeros años de uso surgió una duda sobre su seguridad. Si el objetivo era reducir la cantidad de quimioterapia que llegaba al cuero cabelludo, existía la preocupación de que esa zona pudiera quedar menos protegida frente al cáncer. Pero Villarreal explica que la evidencia acumulada no ha mostrado un mayor riesgo de metástasis en el cuero cabelludo entre quienes han utilizado estos sistemas.

México tuvo enfriamiento capilar antes que Estados Unidos

Susana Valdez es administradora con especialidad en comercio exterior. Después de trabajar más de una década en la industria automotriz, creó Celeritas Trading and Consulting, una empresa dedicada inicialmente a gestionar importaciones. En 2007, mientras buscaba productos que pudieran tener potencial en México, visitó con su familia una exposición de inventos suecos en Universum, el museo de ciencias de la UNAM.

Casi al final del recorrido encontró un sistema que le llamó mucho la atención; se trataba de un sistema y una gorra de enfriamiento para evitar caída del cabello en quimioterapia. Tomó los datos de contacto de Dignitana, la empresa sueca que desarrollaba DigniCap, y les escribió poco después.

A partir de ese encuentro comenzó el proceso para introducir el equipo al país, que incluyó la obtención del registro ante Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). DigniCap llegó a México en 2010 y, según Valdez, fue el primer sistema automatizado de enfriamiento capilar continuo disponible en el país.

Poco después comenzó a probarse en pacientes. En mayo de 2011, el Centro Médico ABC, uno de los hospitales privados de alta especialidad con mayor trayectoria nacional, inició un protocolo con 12 personas que utilizaron el sistema hasta febrero de 2012.

La experiencia mexicana comenzó varios años antes que la estadounidense. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó DigniCap hasta diciembre de 2015, inicialmente para reducir la caída del cabello en mujeres con cáncer de mama y fue el primer sistema de enfriamiento capilar autorizado por esa agencia.

La tecnología también ha cambiado con el paso del tiempo. DigniCap C3, el modelo que comenzó a utilizarse en México en 2010, empleaba una gorra de silicón y trabajaba con temperaturas de entre 3 y 5 °C. La generación más reciente, DigniCap Delta, incorpora una envoltura de enfriamiento más flexible que se ajusta mejor a la forma de la cabeza y puede trabajar a temperaturas más bajas. Con estos cambios se busca mejorar el contacto con el cuero cabelludo y reducir el tiempo de enfriamiento que debe mantenerse después de la quimioterapia.

¿Quién puede acceder al enfriamiento capilar?

El costo sigue siendo una de las principales barreras. Valdez calcula que un equipo de DigniCap cuesta alrededor de 906,000 pesos mexicanos (53,000 dólares) más IVA y que, en los centros donde Celeritas presta directamente el servicio, cada sesión ronda los 4,500 pesos (295 dólares). El gasto total depende del número de quimioterapias que necesite cada paciente, que puede variar desde unas cuantas sesiones hasta más de una decena.

Ese monto se suma al costo de un tratamiento oncológico que ya puede ser elevado. Un estudio realizado en 2023 calculó que la atención médica directa del cáncer de mama, desde el inicio de la atención en tercer nivel hasta concluir el primer tratamiento, costaba en promedio 99,000 pesos en etapas iniciales y 148,000 pesos en etapas avanzadas (entre 5,800 y 8,700 dólares). Las cifras, calculadas con costos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de 2019, incluyen estudios, medicamentos, hospitalización y procedimientos, pero dejan fuera gastos indirectos como transporte o pérdida de ingresos

La cobertura de seguros puede marcar una gran diferencia. Valdez asegura que algunas pólizas internacionales cubren el enfriamiento capilar, pero que muchas aseguradoras nacionales no lo contemplan porque lo clasifican como un procedimiento estético.

La oncóloga médica Cynthia Villarreal coincide en que los seguros de gastos médicos rara vez cubren el enfriamiento capilar, por lo que para muchas personas termina convirtiéndose en otro gasto dentro de un tratamiento que ya implica otros desembolsos.

La tecnología llegó a estar disponible en el sector público. La Secretaría de Salud documentó que desde 2013 había equipos en el Centro Oncológico Estatal del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios, y en el Hospital de Alta Especialidad de Zumpango. En 2014, 40 mujeres habían utilizado el procedimiento entre ambos centros.

Valdez cuenta que con el tiempo algunos de esos equipos dejaron de recibir mantenimiento. Uno fue enviado años después a Celeritas para ser reparado, pero después volvió a presentar problemas y la empresa dejó de tener información sobre su uso. En el sector privado DigniCap continúa disponible en distintos puntos del país. Actualmente se brinda el servicio en Ciudad de México, Monterrey, Mérida y Querétaro, en hospitales y centros como ABC Observatorio y Zambrano Hellion. La empresa calcula que desde el inicio de sus operaciones ha atendido a más de 1,000 pacientes y el 95% eran mujeres.

Una paciente utiliza el sistema DigniCap durante una sesión de quimioterapia en un hospital de México. El equipo enfría el cuero cabelludo para intentar reducir la caída del cabello.

Secretaría de Salud

De una peluca comprada por internet a una “grado médico”

Las primeras pelucas que Promesas MINOZ ARMY consiguió para una celebración de XV años llegaron por internet. Fue en 2022 cuando el grupo reunió vestidos, pelucas y otros apoyos para Ivanna, una adolescente con cáncer de Tenampulco, Puebla. A partir de esa experiencia, sus integrantes comenzaron a descubrir que conseguir una peluca apta para pacientes oncológicas era más complejo de lo que creían. “Pensamos una peluca y crees que vas y la compras y se acabó. Uno no conoce del tema”, dice Ana Flores Bustamante, una de las integrantes del grupo.

Existen también iniciativas que recolectan cabello o entregan pelucas a pacientes con cáncer, como Movimiento Rapunzel, una iniciativa solidaria de la asociación civil mexicana Banco de Tapitas que recolecta trenzas de cabello para elaborar y regalar pelucas oncológicas. Sin embargo, las pelucas pueden variar mucho en materiales y nivel de personalización, así como en el acompañamiento que recibe cada persona para elegirlas y adaptarlas.

“Afortunadamente existen fundaciones que se dan el tiempo de obsequiar pelucas, pero no siempre solucionan la necesidad. Hemos visto que algunas de las pelucas no son aptas para un tratamiento: tienen bases rígidas o fibras que terminan incomodando”, menciona Jessica Castillo, gerente de negocio de Enzo Hair Society y parte de la tercera generación de una familia dedicada a este sector.

En Enzo, esa diferencia está en elementos que apenas se ven cuando alguien lleva puesta una peluca. “Pasamos de una industria enfocada en el entretenimiento, el glamour y la belleza a una industria enfocada en el bienestar y la salud”, agrega Castillo.

Decenas de pelucas se exhiben en Enzo Hair Society, en Ciudad de México. Sus diferencias van más allá del color o el corte e incluyen materiales, bases y sistemas de ajuste.

Aranza Bustamante

En algunas pelucas, grupos de cabellos se cosen a máquina sobre una base, mientras que en otras cada cabello se anuda de manera individual sobre materiales finos como tul o monofilamento, lo que permite distribuirlo con mayor precisión y dar una apariencia más natural.

La base también cambia entre modelos. Puede incorporar materiales ligeros y transpirables, zonas de tul o silicón y sistemas de ajuste que ayudan a mantener la peluca en su lugar, algo especialmente importante cuando la pérdida del cabello es total. Estas diferencias influyen en el peso, el calor y la comodidad después de varias horas de uso.

También hay diferencias entre las fibras sintéticas y el cabello humano, así como en las posibilidades de corte y peinado. Dentro de la industria, algunas de estas piezas se comercializan como de “grado médico” para personas con alopecia parcial o total. No se trata de una certificación sanitaria universal, sino de una forma de identificar modelos con bases más suaves, materiales transpirables y ajustes pensados para usarse directamente sobre el cuero cabelludo.

Castillo explica que en Enzo algunos de estos modelos incorporan zonas de silicón para reducir el deslizamiento, bases de tul fino y materiales pensados para hacer más cómodo el contacto con la cabeza. Para quienes han perdido todo o gran parte del cabello, esas diferencias pueden ser tan importantes como el color o el largo.

También cambia mucho el precio. Castillo sitúa las pelucas disponibles en Enzo entre 1,800 y 46,000 pesos (de 106 a 2,700 dólares), dependiendo de los materiales, la construcción y el nivel de personalización. Cuando una peluca se fabrica con características específicas, puede tardar alrededor de un mes en estar lista.

Para la celebración de este año organizada por Promesas MINOZ ARMY, ocho adolescentes participarán en el festejo y cuatro de ellas necesitaban una peluca. Enzo aceptó donarlas. “Poder regresarles eso o construir al menos algo que les pueda hacer más llevadera esta situación es uno de los momentos más especiales para nosotros”, dice Castillo. Entre las jóvenes también estaba Sofía (nombre ficticio para proteger su identidad), quien viajó desde Toluca con su mamá para elegir la suya.

Sofía eligió una peluca castaña con ondas. Para su fiesta de XV años quiere llevarla con una pequeña trenza justo donde colocará su corona. Detrás de esa elección hay tecnología cada vez más especializada, que puede ayudar a las personas en tratamiento oncológico a recuperar parte del control sobre su propia imagen y, con ello, sentirse más cómodas y seguras, pero la posibilidad de elegir sigue dependiendo de que esas alternativas estén a su alcance.

Salvar el cabello del cáncer con tecnología ya es posible, pero pagarlo es el verdadero reto — HablaCore