Steve Boyes, conservacionista: “África es a donde deberemos ir para sobrevivir a la crisis climática”
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Los ojos de Steve Boyes son de un azul muy tenue, como si el sol africano hubiera dejado un velo en ellos. Sin embargo, tienen una luz infantil que va muy a juego con su sonrisa. El explorador sudafricano lleva buena parte de su vida recorriendo algunos de los sistemas de ríos más remotos de África para entender su funcionamiento.
Conservacionista, explorador de National Geographic y fundador de las expediciones Great Spine of Africa, ha centrado su trabajo en entender de dónde viene el agua que sostiene a millones de personas y ecosistemas del continente. Su trayectoria incluye años de investigación en la cuenca del Okavango y en las tierras altas de Angola, donde su equipo ha documentado ecosistemas poco estudiados, identificado especies nuevas para la ciencia y contribuido a demostrar la importancia de estas regiones como grandes “torres de agua” naturales.
En 2019, el equipo del National Geographic Okavango Wilderness Project, liderado por Boyes, fue reconocido como Rolex National Geographic Explorers of the Year. Hoy su trabajo continúa con Great Spine of Africa, una iniciativa apoyada por Rolex que busca recorrer y documentar los principales sistemas fluviales africanos mediante expediciones de largo alcance. El objetivo es construir líneas base hidrológicas, ecológicas y socioeconómicas que permitan medir cómo cambian estos ríos con el tiempo y, al mismo tiempo, impulsar mecanismos de conservación que involucren a las comunidades que viven en esos territorios.
WIRED en Español conversó con Boyes en Washington, D.C., durante el Explorers Festival 2026 de National Geographic, al que acudimos con Rolex. En esta entrevista habla de cámaras 360, drones, ADN ambiental, inteligencia artificial y sensores capaces de medir el comportamiento de los ríos, pero también de conocimientos ancestrales, autoridades tradicionales y nuevas figuras de conservación. Su tesis es que la tecnología más avanzada solo será útil si se combina con las culturas y comunidades que han protegido esos paisajes durante generaciones.
Steve Boyes es el líder del equipo del premio Rolex National Geographic Explorers of the Year 2019, del equipo del proyecto National Geographic Okavango Wilderness Project, y ahora también es el líder del proyecto Great Spine of Africa, una serie de expediciones que documentan científicamente las grandes cuencas fluviales de África: el Okavango, el Zambeze, el Congo, el Níger y el Nilo.
© National Geographic/Jen Guyton
Esta entrevista ha sido editada para facilitar su lectura.
WIRED: En tus expediciones hay un uso complejo entre tecnología y expediciones muy a la antigua. ¿Cómo funciona esta mezcla y para qué sirve?
Steve Boyes: Creamos mapas muy sofisticados que muestran toda la naturaleza de un trayecto de río, con todos sus distintos componentes, pero lo hacemos mientras viajamos en canoas. Las tecnologías que aplicamos y la profundidad de nuestro análisis del río son diez veces mayores que las de cualquier otros especialistas. Nadie hace nada parecido a lo que estamos haciendo.
¿Cómo funcionan estos mapas? ¿Son fotografías que ustedes toman?
La forma más sencilla de entender lo que hacemos es que realizamos navegaciones desde las fuentes de los ríos. Estamos haciendo 200 expediciones, durante ocho años, como parte de nuestro proyecto Great Spine of Africa. El objetivo inicial era llegar a 50 expediciones en tres años y ya lo cumplimos. Llevamos 100 expediciones en los primeros cinco años y serán, al final, 200 en ocho años. Terminaremos en 2030.
Usamos canoas monóxilas (talladas en madera) de seis metros, como la que se ve en el museo de NatGeo aquí en Washington D.C. Les colocamos una cámara de 360 grados, por ejemplo una Insta360 de las más recientes, que toma una fotografía cada 30 segundos, o hasta cada 60 segundos si estamos en un río rápido.
Entonces son una especie de Google Maps de las partes no exploradas de la región.
Sí. En cada río que recorremos, BlueGIS, nuestro socio, utiliza EarthViews. Se unen todas las imágenes y el proceso tarda unas tres semanas porque hay que retirar las fotos en las que alguien aparece colgado de la parte trasera de la embarcación, comiendo o haciendo cualquier otra cosa. Así creamos un Google Street View del río.
Cada 10 kilómetros aparece un ícono que indica que hay fotografías aéreas disponibles, tomadas con un dron hacia los puntos cardinales y a dos altitudes distintas. También tienes las métricas de calidad del agua para ese punto exacto cada 10 kilómetros. Cada 50 kilómetros utilizamos un perfilador acústico Doppler de corrientes, (Acoustic Doppler Current Profiler, ADCP). Es como una boogie board de 100,000 dólares con un láser montado encima, capaz de hacer escaneos submilimétricos de la estructura del río. Observa el movimiento de partículas diminutas y de burbujas, y te dice exactamente qué volumen de agua pasa por esa sección del río. El láser rebota en las burbujas y mide qué tan rápido se desplazan.
Vista aérea de la puesta de sol sobre el curso superior, estrecho y sinuoso, del río Lungwebungu, en Angola.
© National Geographic/Jen Guyton
También utiliza esa refracción para observar qué tan sucia o turbia está el agua. Tenemos dispositivos muy costosos que miden eso de otras formas, pero el ADCP es muy preciso.
Mientras avanzamos por el río, hay tres expertos o investigadores trabajando con aplicaciones y tabletas. Registran todos los cambios de hábitat. Si atravesamos una zona agrícola, por ejemplo, anotan: 100 metros de plantaciones de plátanos, 100 metros de papas, maíz, arroz y otros cultivos. Registran cada estructura humana, cada persona, embarcación, pescador o red, segundo a segundo.
Además, cada 50 kilómetros tomamos muestras de “ADN ambiental”. Tomamos cinco o seis muestras, según lo que estemos haciendo. Por ejemplo, seis muestras de agua: cinco para archivo y una para análisis. Estamos creando una biblioteca del agua porque parte de nuestro trabajo consiste en trabajar para los científicos del futuro. No sabemos qué tecnologías tendrán disponibles para estudiar muestras de agua o de ADN.
¿También hacen eso con especies de la zona?
A partir de nuestro muestreo de peces con redes tipo fyke, tenemos ahora la mayor colección de peces de agua dulce del hemisferio sur. Colocamos estas redes en el río, tomamos diminutos recortes de las aletas, procesamos el ADN, lo codificamos con código de barras y lo archivamos. Con el ADN ambiental y nuestras muestras de agua, que procesamos nosotros mismos, puedo tomar un litro de agua de un río y decirte qué peces han estado nadando ahí durante las últimas dos semanas. Cuando atrapas un pez es resbaloso y deja material en tus manos. Es lo mismo cuando nada: va liberando ADN al agua.
Como conocemos el ADN gracias a estas muestras de las aletas y sabemos qué pez corresponde a cada una de ellas, podemos usar el ADN ambiental para obtener una lista completa de los peces que están ahí. Hacemos eso a lo largo de todo el río. También los capturamos, los verificamos y los observamos mientras avanzamos.
El equipo de la expedición Lungwevungu recorre el río desde su nacimiento en Angola hasta la frontera con Zambia.
© National Geographic/Jen Guyton
Toda esa información se incorpora al mapa y a la imagen visual. Funciona exactamente como Google Street View: puedes desplazarte por el río, mirar a tu alrededor y, si en el menú desplegable eliges “aves”, el sistema te indica dónde están. Quizá no veas al ave en la fotografía porque pasó volando y alguien la registró, pero sí puedes ver el hábitat en el que estaba.
También estamos trabajando con ChatGPT (de OpenAI) para que analice las fotos y pueda identificar plantas y caracterizar los tipos de hábitat conforme avanzamos en la canoa. Son las líneas base fluviales hidrológicas, ecológicas y socioeconómicas más detalladas que se hayan realizado en sistemas de ríos en cualquier parte del planeta, y lo estamos haciendo para toda África en ocho años.
Hay partes de este territorio por las que nadie ha caminado y que solo son accesibles por río. ¿Cómo cambia eso lo que ya sabemos sobre África o sobre el mundo? Están creando conjuntos de datos sobre cosas de las que antes no teníamos información.
Completamente. Todo lo que sabíamos hasta ahora se basaba en predicciones, supuestos y modelos construidos a partir de imágenes satelitales. Mirábamos una imagen y pensábamos que algo era de determinada manera. Nosotros estamos yendo al terreno.
Nuestro mayor descubrimiento han sido las turberas. Son capas de material orgánico acumuladas durante miles de años que forman algo parecido a una enorme esponja sobre ciertos paisajes, a determinada altitud, y funcionan como un glaciar: almacenan cantidades enormes de agua, hasta 25 veces su peso seco. Cuando están secas, pueden absorber 25 veces ese peso en agua, como una esponja, y después liberarla hacia los ríos aguas abajo.
Lo que encontramos es que la “Great Spine of Africa” está donde las cuencas de África se unen. La lluvia que cae de un lado va al Congo; la que cae del otro, al Nilo. En esa división estamos encontrando un archipiélago de turberas que funcionan como glaciares. Nadie sabía que estaban ahí. En Angola encontramos el segundo mayor descubrimiento de turberas de África.
El jefe de campamento y capitán de canoa, Gobonamang ‘GB’ Kgetho, prepara el campamento después de un largo día remando en el mekoro.
© National Geographic/Jen Guyton
Entender que esas “esponjas” están ahí arriba nos ha mostrado que África es mucho más resiliente de lo que pensábamos frente a los impactos de largo plazo del cambio climático. También ayuda a entender por qué África conserva, de forma histórica y actualmente, tanta megafauna: leones, rinocerontes, elefantes y otros grandes animales que se extinguieron en otros lugares.
Hace 11,000 o 40,000 años había rinocerontes, hipopótamos, leones y elefantes en Londres. Llegó la Edad de Hielo, esos animales se retiraron y sobrevivieron en África. África siempre ha sido muy resiliente frente a estos cambios y oscilaciones climáticas. Por eso los seres humanos evolucionaron en África: era muy estable.
¿Y qué implica eso frente a la crisis climática?
El mundo imagina África como un lugar solo lleno de caos, gente gritando, incendios, hambruna y todo lo demás. Esa es la suposición. Según nuestra investigación, ocurre lo contrario: África es el lugar al que deberías ir para poder sobrevivir a una crisis climática.
La población originaria que mostramos en nuestra película Ghost Elephants, que son los maestros rastreadores con los que trabajamos, es genéticamente nuestra conexión más cercana con una pequeña población fundacional de los humanos modernos en la Tierra. Unas 100,000 personas, que después poblaron el mundo entero, provienen de esa parte de África, de la cuenca del Okavango.
Esas personas conservan el conocimiento sobre cómo sobrevivir a una crisis climática y, además, viven en un continente capaz de hacerlo. África tiene más ríos de flujo libre que cualquier otro continente porque no han sido desarrollados de la misma manera: no les construyeron presas por todas partes. Tiene la mayor cantidad de tierra cultivable y además, posee oro, platino, minerales de tierras raras y muchos otros recursos.
Por eso hemos dado la vuelta a la narrativa sobre África. Cuanta más investigación hacemos y compartimos con los gobiernos, más empiezan a entender que estamos por delante del resto del mundo. Pero si tomamos malas decisiones de desarrollo, talamos esos bosques y quemamos esas turberas, dejaremos de estarlo y terminaremos en la misma situación que los demás.
Steve Boyes utiliza un instrumento avanzado para recopilar datos sobre la calidad del agua del río Lungwevungu.
© National Geographic/Jen Guyton
¿Qué les han dicho los gobiernos sobre esto?
Proteger, proteger, proteger, proteger. Esa es la misión.
¿Y realmente están protegiendo este entorno?
Nosotros sí. Nuestros programas están construidos sobre cuatro cosas: orgullo, propiedad, comunidad y propósito.
Eso no se puede conseguir dentro del modelo tradicional de parque nacional o de área protegida, donde se pide a las personas que se vayan. Incluso en zonas con muy poca población, quienes viven ahí deben marcharse para que el espacio sea para la vida silvestre, la biodiversidad y el ecosistema. Eso no funciona en África. En los paisajes donde trabajamos construimos áreas protegidas en donde viven personas.
Ellas son sus custodios. Están orgullosas de estar ahí, tienen pertenencia, construyen comunidad alrededor de ellas y tienen un propósito al protegerlas. Existe un mecanismo gubernamental llamado OECM (Other Effective Area-Based Conservation Measures), que son otras medidas eficaces de conservación basadas en áreas. Es un mecanismo de áreas protegidas de la UICN. No sustituye a los parques nacionales, pero permite proteger un paisaje y reconocer el papel de la población local en su conservación.
Eso es lo que estamos utilizando en África. En Angola, donde las estamos haciendo primero, las llamamos “reinos de conservación” porque usamos a los líderes tradicionales para dirigir cómo las comunidades locales protegen los paisajes, la vida silvestre y los ecosistemas, y cómo gestionan el fuego. El mecanismo OECM les da mandato y propiedad sobre eso. Funciona como un parque nacional, quizá incluso mejor en el contexto africano, y además puede abarcar superficies mucho mayores.
Krithi Karanth lleva décadas protegiendo a las personas, a los animales y educando a las infancias para mejorar la relación entre la naturaleza y el humano en la India. Por eso fue nombrada con el prestigioso reconociminento Exploradora del Año Rolex National Geographic 2026.
Con Great Spine of Africa, en alianza con Rolex, hemos identificado junto con 27 gobiernos africanos las zonas que queremos proteger: 1.2 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes a 4% de la superficie terrestre de África. Actualmente está protegido 14% del continente y queremos llevarlo a 18%. Queremos seguridad hídrica y seguridad alimentaria porque África está entrando en una nueva etapa demográfica.
Ahora tenemos 1400 millones de personas en el continente, una cifra similar a la de India y China. Nuestra tasa de natalidad es de más de cuatro hijos por persona. En India es dos y en China es dos. India tiene una densidad de población diez veces mayor que África y China, cuatro veces mayor. África tiene espacio para crecer. Estamos viviendo nuestro baby boom.
La tasa de natalidad en Estados Unidos en los cincuenta era de cuatro [por mujer]: el mismo fenómeno. Pero nuestro baby boom ocurre en una época de IA, conectividad satelital y dinero digital. El baby boom estadounidense ocurrió en la época de los autos que consumían mucha gasolina y los televisores en blanco y negro. Era otro momento.
Creo que la oportunidad para que África crezca de una manera sostenible e inspiradora es ahora. Pero no podemos escapar de una realidad: en 2050, uno de cada dos bebés que nazcan en el planeta será africano. Es un hecho. Lo principal que puede hacer sostenible ese crecimiento es la seguridad hídrica. Necesitamos agua para las personas, para los animales, para los ecosistemas y para todo lo demás.
Steve Boyes y Kerllen Costa, director nacional del proyecto Okavango Wilderness de National Geographic en Angola, lideran esta primera expedición por el río Lungwevungu en sus mekoro (canoas monóxilas) como parte de este trabajo inicial de la serie de expediciones Great Spine of Africa.
© National Geographic/Jen Guyton
Los gobiernos africanos y el mundo están entendiendo que esa seguridad depende de ecosistemas viables, bosques protegidos y fuentes de agua protegidas, y que África tiene una oportunidad única de hacerlo.
Yo acababa de recuperarme de un cáncer cuando fui a Rolex a presentar esta idea. Pensé: “De acuerdo, no me voy a morir. ¿Qué voy a hacer entonces?”. Volé a Ginebra para hacer la propuesta: vamos a realizar 200 expediciones en ocho años, vamos a establecer líneas base fluviales para toda África. Vamos a saber exactamente dónde estamos ahora para que, pase lo que pase en 2050, sepamos con precisión cómo estábamos en 2025, 2026, 2027, 2028 y 2029.
Estas líneas base científicas, construidas con las mejores tecnologías disponibles en el planeta, están diseñadas para repetirse a lo largo de los años, de modo que podamos medir el cambio, el éxito o el fracaso.
En América Latina hay muchos ambientalistas y pueblos indígenas que intentan proteger el medio ambiente y que son asesinados o acosados por grandes empresas o gobiernos. ¿Cómo podrían personas de América Latina o del Sur Global adoptar un proyecto como este y lograr que funcione?
El éxito de esto está arraigado en el idioma, la cultura y la tradición, y depende de la experiencia colonial de esos países, comunidades, paisajes y continentes.
La pregunta es qué permanece intacto en México, Sudamérica o el Sur Global. África vivió 60 años de colonización agresiva, muy concentrada en las ciudades, pero en las zonas rurales todavía tenemos tradiciones muy fuertes, lenguas muy fuertes, una cultura muy fuerte y un tribalismo muy fuerte. Eso tiene que aprovecharse y celebrarse.
Hasta ahora he hablado del nivel macro: la salud de sistemas fluviales completos y la seguridad hídrica de decenas de cientos de millones de personas. Es como mirar desde arriba. Pero cuando entramos al nivel micro, a la protección sobre el terreno, el trabajo cambia.
En Angola construimos clínicas y escuelas, formamos a maestros, parteras y enfermeras y conseguimos todas las vacunas. Nos involucramos directamente. Esos son modelos de desarrollo para la conservación destinados a mejorar la vida de las personas y garantizar que quienes viven de manera tradicional tengan apoyo y prosperidad.
A medida que el río Lungwevungu se ensancha, los rápidos se vuelven más fuertes y Kerllen Costa tiene que encontrar las rutas navegables para pasar con seguridad.
© National Geographic/Jen Guyton
En Botsuana, debido a la naturaleza del país, esos mecanismos se erosionaron. Las tradiciones ya no son tan fuertes, las lenguas se están perdiendo y las lenguas indígenas están siendo desplazadas. La dinámica que vemos en el resto del mundo también está ocurriendo ahí. ¿Qué hace mi equipo? Establecemos centros de conocimiento para el intercambio intergeneracional.
Toda la gente todavía conserva la lengua, la cultura y la tradición, mientras que los jóvenes están ocupados con otras cosas. Creamos esa conexión para que vivir de manera tradicional pueda seguir siendo una opción viable: ser pescador, ser cazador, respetar los lugares sagrados, realizar las ceremonias y mantener todo eso vivo, porque es lo que protege estos paisajes en África.
En todo el mundo, todas las fuentes de agua son sagradas para alguien. En África son tan sagradas que en algunos casos nadie puede acercarse, nadar en ellas ni dañar los bosques que las rodean. Una de las últimas líneas de Ghost Elephants, nuestra película, es del documentalista Werner Herzog. Le preguntan cuánto tiempo protegerán estas creencias tradicionales a los bosques y a los elefantes. Y responde: “No lo sé. Quizá no mucho tiempo; quizá para siempre”.
Eso es lo que estoy aprovechando. Yo debo proporcionar un marco legal con el gobierno para explicarle cómo le ayudan estas exploraciones: esto es resiliencia, esto es estabilidad, esto es seguridad hídrica, esto es seguridad alimentaria, esto es la ciudad que está aguas abajo. Entonces el gobierno puede decir: “De acuerdo, voy a crear un marco legal”, y el territorio queda protegido.
Sobre el terreno trabajo con líderes tradicionales. En tres semanas iré a una ceremonia enorme en la que se reúnen reyes y reinas. Acuden a sus ancestros, invocan a los espíritus y los espíritus aparecen mediante trajes. Son los espíritus del bosque y del agua, y permanecen durante tres meses en las aldeas. Todos llevan esos trajes de hierba y es increíble. La gente les tiene miedo y respeto, no sabe muy bien qué hacer frente a ellos.
El director de investigación Rainer von Brandis y el jefe de investigación Götz Neef despliegan un perfilador acústico de corrientes Doppler a lo largo del río Lungwevungu para perfilar el lecho del río y medir su caudal.
© National Geographic/Jen Guyton
Esas son las cosas que están protegiendo los bosques, y nosotros las apoyamos. Vamos a filmar la ceremonia para que todo el mundo pueda verla y para que ellos sean vistos. Nuestra película se llamará Conservation Kingdoms. Vamos a hacer que los angoleños formen parte de ella, la pondremos en portugués y haremos que el mundo la vea y piense: ese es un modelo que podríamos usar en México; quizá también en otros lugares del mundo.
África es enorme y hubo lugares remotos donde los reyes pudieron seguir siendo reyes y las tradiciones continuaron siendo fuertes. Si las tradiciones son suficientemente fuertes en México, también se puede hacer ahí.
Es una especie de sincretismo entre la tecnología más reciente, las tradiciones y las creencias sagradas.
Sí, y se trata de crear un mecanismo de protección a partir de la síntesis y las sinergias entre esas cosas. En una película eso es extraordinariamente poderoso.
Si coloco una cámara grande, pongo una luz y siento a un líder tradicional frente a mí para que cuente historias tradicionales alrededor del fuego, el resultado es diez veces más poderoso que simplemente sentarnos alrededor del fuego y pedirle al líder tradicional que nos cuente historias. Con las luces y el micrófono, contará historias. Todo el mundo se inspirará y, además, quedan registradas.
Eso también es tecnología: tenemos que encontrar esos puntos de contacto. Nuestras películas están diseñadas para que las personas sientan que son vistas, no ignoradas; que son celebradas; que vivir de manera tradicional es algo especial. Lo hacemos en su propio idioma y en una forma asociada a Werner Herzog, de modo que sepan que el mundo entero los está viendo y que forman parte de ello.
Pero el trabajo realmente importante son los cortometrajes que hacemos en sus propios idiomas, creando héroes locales. Trabajamos precisamente en ese espacio entre tecnología y tradición.
Steve Boyes y el equipo de la expedición celebran al llegar a la orilla en el último día de la expedición a Lungwevungu, donde el río cruza la frontera de Angola a Zambia y se une al río Zambeze.
© National Geographic/Jen Guyton
¿Reciben apoyo de alguna gran empresa tecnológica o de inteligencia artificial? Mencionaste a OpenAI. ¿Han hablado con estas compañías para recibir ayuda?
Trabajamos con Google y Esri. Google se encarga de la IA para procesar nuestras fotografías 360. Cada año generamos cientos de miles de imágenes que deben analizarse para identificar hábitats y estructuras y caracterizarlos. La idea es que en el futuro pueda hacerlo un pescador común, que baje por el río y solo necesite llevar la cámara.
La IA podrá observar niveles de agua, caudales y otros parámetros únicamente a partir de lo que ve la cámara. Si tienes fotografías y video, obtienes tanto la imagen del lugar como el movimiento. Como ya cuentas con una línea base que contiene todas esas mediciones, después puedes modelarlas a partir de imágenes y video.
Esri ha sido un socio de largo plazo en seguridad de datos, almacenamiento y visualización. National Geographic también ha sido un socio de largo plazo en visualización, en la creación de story maps y de animaciones que cuestan 50,000 dólares. Una de esas animaciones, sobre el sitio Ramsar, la hicimos con ellos.