¡Uno menos!: el arroyo de la 85 ya es historia

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Con esta nueva canalización, Barranquilla ratifica su capacidad de transformar un riesgo histórico en seguridad, movilidad y más desarrollo urbano para su gente.
septiembre 4, 2026
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No ha sido un proceso fácil ni rápido, pero Barranquilla ha aprendido a mirar la lluvia sin miedo. Donde antes un aguacero amenazaba vidas, paralizaba calles, arrastraba buses y bienes obtenidos con años de esfuerzo, hoy se construyen soluciones capaces de conducir el agua bajo tierra y devolverle la superficie a la gente que debÃa esconderse cuando caÃa el agua. La canalización de los arroyos no solo transformó nuestra infraestructura, cambió la relación de la ciudad con su territorio y abrió una nueva etapa de desarrollo urbano seguro.
La culminación de la canalización del arroyo de la calle 85 representa uno de los hitos más importantes del plan maestro que se inició en 2008. La lluvia que antes convertÃa el corredor en un cauce peligroso circula ahora por una red subterránea construida mediante la tecnologÃa de la microtunelación. En total son dos kilómetros de tuberÃas instaladas a 18 metros de profundidad que permiten evacuar las aguas lluvias, como ya quedó demostrado.
Es un avance significativo que hace de la ciudad un sitio más amable con sus habitantes. Aunque, a decir verdad, el valor de esta obra trasciende su complejidad técnica. Cada arroyo canalizado reduce, como siempre se ha defendido, la exposición de personas, viviendas, vehÃculos, negocios y bienes públicos a riesgos que durante décadas condicionaron la vida cotidiana. También evita cierres viales, protege la actividad comercial y mejora la respuesta de Barranquilla frente a precipitaciones que serán más intensas por efecto de la variabilidad climática. Por consiguiente, invertir en proyectos de drenaje pluvial es, en definitiva, invertir en prevención, adaptación y resiliencia climática y, lo más valioso, en tranquilidad colectiva.
El cambio urbanÃstico, que en la actualidad es ya una impronta de Barranquilla, también es profundo. Sobre algunos de los antiguos cauces aparecen hoy vÃas más funcionales, nuevos espacios públicos, mejores condiciones de movilidad en corredores que recuperaron valor económico y social. Asà las cosas, la infraestructura ha dejado de ser únicamente una obra de ingenierÃa subterránea para erigirse en instrumento de renovación urbana, integración comunitaria y calidad de vida, en especial para los ciudadanos de las zonas más vulnerables.
En el balance, los resultados dimensionan el esfuerzo emprendido por las administraciones de Alejandro Char, Elsa Noguera y Jaime Pumarejo. Desde 2008, Barranquilla ha canalizado más de 70 kilómetros lineales, con inversiones superiores a $1,2 billones e intervenido —al menos— diez de sus arroyos más peligrosos. La ciudad retomó el diagnóstico de drenaje urbano, elaborado por la famosa Misión Japonesa y, con recursos propios, talento técnico e ingenierÃa local, liderazgo polÃtico y, sobretodo, continuidad administrativa, decidió lanzarse a construir un sistema de canalización ajustado a sus necesidades y caracterÃsticas.
Hoy estas soluciones, aunque no se vean, constituyen uno de los desarrollos urbanos más visibles e impactantes de la ciudad. Merecen reconocimiento, pero no complacencia porque aún queda trabajo por hacer en cauces pendientes. Adicionalmente, la red construida exige mantenimiento, limpieza de rejillas, control urbanÃstico y monitoreo de forma permanente.
La calle 85, a la que le faltan obras menores para estar totalmente lista, evidencia que cuando Barranquilla se propone una meta para transformar su entorno, la consigue. En ese sentido, el objetivo final tiene que ser tan ambicioso como indispensable en aras de garantizar la culminación de toda la infraestructura requerida para proteger la vida, el patrimonio y el futuro de su gente. Porque la historia que va quedando atrás no era una fatalidad geográfica, sino un reto de planeación, financiación, ingenierÃa y voluntad polÃtica.
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